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Diciembre 2008
Farmacia Maluje
Botica de antaño

Mientras en la actualidad se acusa a las principales cadenas farmacéuticas de controlar los precios y de limitar la venta de ciertos medicamentos, recordamos la historia de la antigua farmacia de Concepción, donde el trato personalizado era la mejor receta.

Por Andrea Torres Vergara


Fundada en 1951 por María Maluje David, farmacéutica descendiente de emigrantes sirios, el establecimiento se instaló al principio en la intersección de las calles Maipú y Tucapel. Los amplios conocimientos profesionales y el legendario carisma de su dueña, rápidamente impulsaron el negocio y, seis años después, doña María y su marido, el abogado Luis Contreras, hicieron construir el edificio que alberga departamentos privados y el local de la farmacia –en doble altura–, en Tucapel 676.

La construcción consideró la doble altura pensando en la ejecución del mural que abarca los dos muros laterales y el fondo sobre la estantería, y que aún puede verse desde la calle. Se trata de La historia de la medicina y la farmacia en Chile y fue realizado por el artista Julio Escámez en 1957. Según el plano regulador de la comuna de Concepción, se trata de un inmueble de conservación histórica, con categoría cultural, bajo cuya denominación debería conservarse.


El mural simboliza los diversos estadios culturales, sociales y temporales de la historia de la medicina en Chile, desde las formas de curación y hábitos del pueblo mapuche, sus costumbres de vida y rituales de curación; pasando luego por los métodos utilizados tras la Conquista, durante el período colonial. A continuación se representan estudios científicos y análisis de laboratorio, hechos por médicos y enfermeras de la época. Por último se ve a la enfermera frente a un cúmulo de personas que avanzan en distintas direcciones.

Esta combinación entre el conocimiento originario y los métodos profesionales, entre la farmacia alópata y la prescripción homeopática, marcó también la historia de la farmacia Maluje, que funcionó por más de cincuenta años con este sello. Su dueña se dedicaba no sólo a preparar los medicamentos, sino que también revisaba y recetaba a los enfermos que acudían directamente a ella para tratar sus dolencias y que, de ser necesario, podían llevarse las medicinas sin pagar por ellas en el momento. El tratamiento, sin embargo, debía ser disciplinado: era conocida la mano dura de doña María ante el descuido de sus pacientes.

Pese a su carácter fuerte, la dueña de “la Maluje” aún es recordada con cariño por los vecinos del sector, quienes reconocen, eso sí, que su ánimo nunca fue el mismo después de la desaparición de su hijo Carlos Contreras Maluje en 1976, víctima de la dictadura.

En febrero de 2007 la Farmacia Maluje dejó de funcionar, tras 56 años de actividad ininterrumpida. En el local hoy funciona la Droguería Alemana, que cuenta con tres locales en la Región del Bío Bío.
 
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