Creador de las cuecas choras y el jazz guachaca, Roberto Parra es una figura imprescindible de nuestro folclor urbano.
 
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Tío Roberto Parra:

El alma de la fiesta

Idolo de Los 3 y de Andrés Pérez, padre de la cueca chora y prócer del movimiento guachaca, el fallecido hermano de Violeta y Nicanor, autor de La Negra Ester, representa un puente entre dos mundos, dos épocas y más de dos generaciones.

Por Rosario Mena

Ser bueno para el vino, la cueca, la fiesta, el canturreo y las mujeres, cualidades para algunos despreciables de la idiosincrasia chilena, son, sin embargo, motivo de orgullo para quienes lejos de renegar de sus gustos y costumbres campesinas, hacen de ellos el alimento y color de una cultura que se infiltra en la urbe, germinando y creciendo en bares, picadas, fuentes de soda, buats, peñas, quintas de recreo, fondas y ramadas. Verdaderos galanes, con el piropo siempre a flor de boca, bien trajeados y peinados a la gomina, representan el modelo guachaca, un adjetivo-sustantivo que nada tiene que ver con características como picante o maleducado.

Muy por el contrario. Raro sería escuchar de sus labios, siempre humedecidos de buen vino o pipeño, un insulto gratuito o un chiste cochino destinado a obtener la risa fácil. Lo suyo es la poesía, el romanticismo, el buen brindis, la comida sencilla y bien condimentada y, por supuesto, la música y el baile. "El guachaca es el curado tranquilo, el que toma para soñar ,que liga el vino a todas las cosas bellas de la vida", explica Dióscoro Rojas, líder de la autodenominada "Delegación Guachaca", organizadora de las ya famosas "cumbres". Su figura emblemática es, sin lugar a dudas, el tío Roberto Parra, autor de La Negra Ester, hermano de Violeta y Nicanor, el creador de la cueca chora.

Músico y patiperro

Nacido en 1921 en Santiago y fallecido en 1995, Roberto, el quinto de los Parra Sandoval, se cria en Chillán y comienza su vida itinerante ya a los 8 años, tras la muerte de su padre. Junto a sus hermanos Hilda, Violeta y Eduardo (el Tio Lalo) recorren los pueblos cercanos cantando en plazas, mercados, circos y locales para reunir dinero en ayuda de la empobrecida familia. Es así como a los catorce años, Roberto ya es músico y guitarrista hecho y derecho que se gana la vida en circos, cabarets y boliches sureños. y comienza a desempeñarse como músico en circos, cabarets y boliches sureños. Desde mediados de la década de los 30 hasta finales de los años 50 su fama se extiende por las provincias, las que recorre incesantemente a lo largo de todo el país.

Pero el artista no hace el quite a ningún trabajo que permita ganarse la vida. Vendedor de diarios, enfierrador en el dique de Valparaíso, lustrabotas, empleado de la cárcel, soldador; ayudante de mecánico, carpintero y dueño de una mueblería, son algunos de sus múltiples oficios.

Es en 1957 cuando Roberto llega por primera vez a San Antonio, donde permaneció poco más de un año. Trabaja como guitarrista del cabaret Luces del Puerto y en la boite Río de Janeiro, conoce a la famosa Negra Ester. Comienza entonces un romance con esta artista de boite que describe en su primer libro de décimas que la Compañía Gran Circo-Teatro lleva a las tablas con un éxito sin precedentes en la historia del teatro chileno. Su faceta de compositor y poeta comienza a intensificarse. Con El Chute Alberto, su primera composición conocida, inicia una serie de cuecas urbanas que bautiza como "Cuecas choras".

     
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