La vida social y cultural son el ejercicio que, a sus 84 años, mantienen a Julita Astaburuaga en buen estado físico y anímico
 
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Diciembre 2003

Julita Astaburuaga:

"Me da lo mismo si creen que soy una vieja frívola"

Su relato está tan atiborrado de anécotas y detalles sabrosos como su departamento lo está de adornos, libros, cuadros, cristales y figuras, que atesora como todo lo que tiene historia. A sus 84 años, Julia Astaburuaga es una mujer alegre y enérgica, clara, ágil y fluida, tanto en sus movimientos como en su forma de hablar. Amante de las artes, la decoración, la moda y la vida social, y miembro de la Corporación Patrimonio Cultural de Chile, asegura que en cada celebración de su cumpleaños se tira al suelo para agradecer su buena fortuna.

- Glamour que no se compra: ser elegante sin dinero

"Aquí adentro tengo 20 años", dice Julia Astaburuaga Larraín (84) tocándose el pecho. Ante la clásica pregunta sobre su receta de la juventud, responde que no hay mérito suyo y que todo se lo debe al "Tata Dios" por la buena salud que le ha dado: "Qué sacaría yo con tener una gran energía si no tuviera salud". Pero hay algunos factores objetivos: "Hasta los 50 años no tomé ni una gota de alcohol, después no dejé nunca más. Qué te crees, no me iba a perder eso".

Comida sana toda la vida ("verduras rojas, verdes y amarillas y casi nada de carne"), jamás un cigarrillo y caminar cada día cerca de 30 cuadras, son otros elementos que han contribuido a su excelente estado físico y anímico. Además, por supuesto, de su agitada vida social y cultural y su positiva actitud ante la vida. "Sólo veo lo bueno de las cosas, es algo innato". Postura que no le impide ver la realidad y comprometerse en obras como el "Banco de los pobres" con el que, junto a un grupo de mujeres, ayudan a artesanas prestándoles dinero que obtienen vendiendo ropa usada.

Su agradecimiento no sólo lo expresa a Dios, acudiendo a misa diariamente, sino también a su "millón de amigos" (casi todos entre 30 y 60) que cada año le organizan una fiesta espectacular que incluye ciertos ritos que ya son tradición: "Yo tengo un discurso, en el que le doy gracias a la gente por quererme tanto y como no tengo palabras para agradecer y sólo puedo hacerlo con mi cuerpo, me desmayo de emoción y me tiro al suelo. Y eso les hace tanta gracia que siempre me piden que lo repita una o dos veces".


"Me obligo a salir"

Impresionantemente actualizada, ya sea en cultura, política o sociedad, Julia lee el diario todos los días: "Una periodista me dijo: le apuesto que usted se va al tiro a las páginas sociales. No, le dije, estás muy equivocada. Yo lo primero que leo son las cartas al director" Además, compra a veces la revista Caras o Cosas "Sólo cuando salgo yo". Identificada por todos como una de las infaltables de las páginas sociales, Julita dice no preocuparle la figuración: "Lo que me interesa es que yo vivo sola y a estas alturas me obligo a salir. En vez de quedarme calentita leyendo un buen libro, que no se va a mover de aquí, me arreglo, que me gusta mucho, y salgo aunque no tenga ganas. Y siempre vuelvo feliz, porque conocí a alguien interesante, vi algo hermoso, tuve una conversación entretenida".

Y en cuanto a su imagen pública afirma: "A mí me encanta arreglarme, me encanta la moda, el glamour, la gente, y creo que es muy importante a esta edad tener una dosis de frivolidad. No me importa para nada que me consideren una vieja frívola, porque yo soy frívola y trascendente. Pienso en la muerte todos los dias. No me conformo con la idea y le pido a Dios que me enseñe a aceptarla".

Madre de dos hijos (el poeta Diego Maqueira y el diplomático Cristián Maqueira, embajador alterno ante Naciones Unidas) se separó pasados los 50 años de su ex marido, Fernando Maqueira, también diplomático, con quien vivió un cuarto de siglo. Es así como Julia se la pasó entre viajes, embajadas, consulados, recepciones. "Me encanta viajar, uno conoce razas, idiosincracias, culturas". Una pasión que ha podido seguir desarrollando gracias a las invitaciones de su hijo y otras personas. De hecho, terminada esta entrevista Julita se dispone a preparar sus maletas para partir a París, donde una amiga la invitó a pasar esta Navidad y Año Nuevo. "Si tuviera plata, me pasaría la vida viajando".

     
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