En los pesebres elaborados por las artesanoas chilenas es posible reconcer elementos de las fiestas populares de antaño durante la navidad.

 
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Diciembre 2003

Pascuas a la chilena (continuación)
 
Por Darío Oses

Un huaso en la Pascua santiaguina

En la novela Don Pancho Garuya. Costumbres campesinas de antaño, de Manuel Guzmán Maturana, hay una descripción de una Navidad en el Santiago de 1880: "Era la tarde del 24 de diciembre. Los preparativos para celebrar la Pascua estaban ultimándose: se armaban carpas y se construían casuchas de madera para las fondas. Carretas y carretones descargaban promiscuamente tablas, mesas, muebles menudos, pianos, arpas, guitarras barriles, damajuanas, botes heladeros y cuanto Dios creó".

Don Pancho es un huaso que llega a Santiago desde Curacaví, dispuesto a darse "unos días de jolgorio", después del duro trabajo en la construcción de un canal. En la góndola se encuentra con una antigua "prenda", Josefina, apodada La Chascona, y salen juntos a celebrar. A las seis de la tarde se van a comer al mercado y luego al circo. Después de la función caminan por la Alameda: " A esa hora este paseo estaba en todo el esplendor de la fiesta entre las calles San Diego y Dieciocho... Las lámparas de parafina se veían vergonzantes ante los miles de faroles chinescos que alumbraban las casuchas y las ventas... Las voces de los vendedores, los ruidos de pitos, chicharras y cornetitas, obligaban a hablar a gritos. La nube de polvo que envolvía a los paseantes hacía irrespirable el ambiente...".

En medio de la muchedumbre, la pareja es hostigada por los vendedores que les ofrecen a gritos claveles y albahacas, brevas a chaucha la docena, priscos pelaos, colemono, horchata con malicia, chicha y aloja de culén. Las fondas tienen nombres regionales: La cueca de los mineros, Al guaso colchagüino, además de la inevitable Aquí está Silva.

A las dos de la mañana, don Pancho y Josefina se encaminan hacia la plazuela de San Diego: "La concurrencia ahí era más democrática que en la Alameda, y los ánimos -tal vez por la hora- estaban más alegres y acalorados... Guiados por la romería que sin intermitencias llenaba las veredas, siguieron al Camino de Cintura. Aquello era verdaderamente popular. Las fondas y las ventas sin techo, apenas estaban separadas por telones o tabiques de madera. Por el centro de la Avenida, esquivando a los de a pie, hacían escarceos los jinetes".

Don Pancho y su acompañante entran a una fonda para cenar. En la puerta, un organillero toca una y otra vez El caballero de gracia, un tema zarzuelero, y el famoso vals Sobre la olas. A poca distancia, un grupo de "jóvenes decentones" se dedica a vaciar botellas y a molestar a quien se los ponga cerca. Don Pancho se pone a pelear con ellos y los derrota. Luego de vencerlos, termina la noche buena entre las ardientes caricias de La Chascona.

 
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