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Libro El que rie último...
Risa histórica (continuación)

 

Activo militante del Partido Demócrata, satirizó con los grandes diarios serios, convirtiendo, por ejemplo, a El Estandarte Católico en "El estandarte Colérico". Pero su discurso no estuvo exhento de ciertos valores y rasgos propios del estado oligárquico, tales como el puritanismo, el nacionalismo militarista y la condena a ciertas costumbres populares. En cualquier caso, su producción periodística constituyó un importante vehículo de las ideas libertarias, tanto enraizadas en el mundo popular como en los contenidos emancipatorios del pensamiento republicano, ejerciendo una relevante función crítica al orden establecido.

Sus periódicos como El Padre Cobos, marcadamente patriota y anticlerical; El Ferrocarrilito, dedicado a promocionar los éxitos del ejército chileno en la Guerra del Pacífico y El Padre Padilla; que se sumó a El Padre Cobos en encendidas críticas contra el clero y los políticos conservadores que lo sustentaban, hicieron de Allende un blanco de la persecusión de la Iglesia y del Estado y de las iras de los grandes personajes de la vida política y cultural, de quienes se burló con frases corrosivas.

En 1886 el Arzobispo Larraín Gandarillas dictó la prohibición, "bajo pena de pecado mortal", de leer, comprar, vender, retener y distribuir los periódicos de Allende, afirmando que "entre los malos periódicos ocasionan mayores daños a la moralidad social e individual aquellos que, a las doctrinas corruptoras, añaden el perverso aliciente de caricaturas, pinturas o estampas indecentes". Las publicaciones continuaron vendiéndose como pan caliente. En 1888, Allende fue encarcelado junto a toda la cúpula Demócrata por el famoso episodio del incendio de los tranvías provocado por las masas convocadas por el partido a una manifestación contra el alza de los pasajes.

En 1890 edita El Recluta, medio que apoyó al gobierno de Balmaceda, que al parecer, también le otorgó alguna subvención en concordancia con su política de acercamiento al Partido Demócrata y los sectores por él representados. En sus diarios, Allende propinó duros ataques contra quienes se oponían a Balmaceda, especialmente la oligarquía atrincherada en el congreso. Tras el triunfo de los congresistas, fue detenido no sin que antes fuera saqueado su hogar e incendiada su imprenta.

La intervención del intendente de Valparaíso, que apeló a la imagen internacional del país, fue lo único que salvó a Allende y a su hermano de ser fusilados. De vuelta en las pistas del periodismo, publicó el Poncio Pilatos, desde el cual, más que nunca, hizo apología de Balmaceda y se desquitó contra los vencedores de 1891, además de acentuar las temáticas sociales y continuar sus críticas contra el clero, que, en 1895, acabó por excomulgarlo, junto a todos "los cooperadores y favorecedores" de la prensa anticlerical, incluidos los repartidores y vendedores. Todo esto no hizo sino alentar la labor de Allende, apoyada en su fama creciente y en considerables volúmenes de venta, irrumpiendo en los años siguientes con El Jeneral Pililo, La Beata y El Sivergüenzas, entre otros, culminando con Verdades Amargas, aparecido cinco años antes de su muerte, ocurrida en 1909.

 
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