Por
Darío Oses
Si se escribiera una historia del amor en Chile,
ocuparían un capítulo especial las
mujeres apasionadas, las damas de armas tomar, las
que intentaron resolver con tiros o con veneno los
conflictos y las penas del amor.
En 1931, una jovencita de
21 años, llamada María Luisa Bombal
regresaba a Chile en el trasatlántico Reina
del Pacífico. Se había educado en
París. Cuando llegó a Valparaíso
fueron a recibirla su madre, sus hermanas mellizas,
y un impetuoso ingeniero de 28 años, que
se ocupó de las maletas, resolvió
rápidamente los trámites de aduana,
y se puso al volante de su Ford, modelo 1930.
Sin ser buen mozo, Eulogio
Suárez Errázuriz, resultaba atractivo
para las mujeres por su vitalidad y su carácter
enérgico. Fue fundador y jefe de la Milicia
Republicana, formada por sectores de la derecha
para contrarrestar las intervenciones militares
en la política, que se habían venido
haciendo cada vez más frecuentes en los
años 20 y 30.
Primer amor distante
María Luisa se enamoró
perdidamente de él. Fue su primer amor.
Supo desde el principio que era casado, aunque
no vivía con su mujer. En algún
momento él invocó como impedimento
para entrar en compromisos más serios,
que no podía conseguir la separación
por problemas de dinero. Además en su vida,
llena de actividades profesionales, políticas
y comerciales, no quedaba mucho tiempo para María
Luisa.
"¡Oh, la
tortura del primer amor, de la primera desilusión!
-escribiría ella en La Amortajada.
Eulogio nunca apareció
como novio oficial. Mientras él mantenía
la distancia, hasta tener sólo una relación
de amistad con María Luisa, ella lo amaba
y quería compartir su vida con él.
No la acompaña a los
matrimonios ni a las reuniones sociales a que
los invitan. Como mucho asistió a algunas
de las funciones de la compañía
de teatro en que actuaba María Luisa, y
luego le enviaba ramos de flores, pero nada más.
Una noche él la invita
a comer a su casa, junto a su hermana. La distancia
de él la desespera. Con el pretexto de
ir al baño, ella se levanta de la mesa
y entra al dormitorio de él, donde registra
los cajones de Eulogio hasta dar con un revólver
con el que se dispara. El tiro le da en el hombro
y compromete su brazo izquierdo, por lo que debe
permanecer un mes en el Hospital Salvador.
Eulogio se cambia de casa.
María Luisa no descansa hasta obtener su
nueva dirección, es un departamento del
Portal Fernández Concha. Irrumpe en él.
La empleada, que la conoce, no puede hacer nada
por detenerla, ni evitar que revise la casa hasta
dar con el retrato de otra mujer.
Acepta finalmente que él
no la ama. Él está dispuesto a ayudarla
a irse a Buenos Aires donde la han invitado Pablo
Neruda -nombrado cónsul en esa ciudad-
y su mujer, Maruca Hageenar. En septiembre de
1933, María Luisa se reúne con ellos.
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