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2003

Las heridas del amor
 
Por Darío Oses

Si se escribiera una historia del amor en Chile, ocuparían un capítulo especial las mujeres apasionadas, las damas de armas tomar, las que intentaron resolver con tiros o con veneno los conflictos y las penas del amor.

En 1931, una jovencita de 21 años, llamada María Luisa Bombal regresaba a Chile en el trasatlántico Reina del Pacífico. Se había educado en París. Cuando llegó a Valparaíso fueron a recibirla su madre, sus hermanas mellizas, y un impetuoso ingeniero de 28 años, que se ocupó de las maletas, resolvió rápidamente los trámites de aduana, y se puso al volante de su Ford, modelo 1930.

Sin ser buen mozo, Eulogio Suárez Errázuriz, resultaba atractivo para las mujeres por su vitalidad y su carácter enérgico. Fue fundador y jefe de la Milicia Republicana, formada por sectores de la derecha para contrarrestar las intervenciones militares en la política, que se habían venido haciendo cada vez más frecuentes en los años 20 y 30.

Primer amor distante

María Luisa se enamoró perdidamente de él. Fue su primer amor. Supo desde el principio que era casado, aunque no vivía con su mujer. En algún momento él invocó como impedimento para entrar en compromisos más serios, que no podía conseguir la separación por problemas de dinero. Además en su vida, llena de actividades profesionales, políticas y comerciales, no quedaba mucho tiempo para María Luisa.

"¡Oh, la tortura del primer amor, de la primera desilusión! -escribiría ella en La Amortajada.

Eulogio nunca apareció como novio oficial. Mientras él mantenía la distancia, hasta tener sólo una relación de amistad con María Luisa, ella lo amaba y quería compartir su vida con él.

No la acompaña a los matrimonios ni a las reuniones sociales a que los invitan. Como mucho asistió a algunas de las funciones de la compañía de teatro en que actuaba María Luisa, y luego le enviaba ramos de flores, pero nada más.

Una noche él la invita a comer a su casa, junto a su hermana. La distancia de él la desespera. Con el pretexto de ir al baño, ella se levanta de la mesa y entra al dormitorio de él, donde registra los cajones de Eulogio hasta dar con un revólver con el que se dispara. El tiro le da en el hombro y compromete su brazo izquierdo, por lo que debe permanecer un mes en el Hospital Salvador.

Eulogio se cambia de casa. María Luisa no descansa hasta obtener su nueva dirección, es un departamento del Portal Fernández Concha. Irrumpe en él. La empleada, que la conoce, no puede hacer nada por detenerla, ni evitar que revise la casa hasta dar con el retrato de otra mujer.

Acepta finalmente que él no la ama. Él está dispuesto a ayudarla a irse a Buenos Aires donde la han invitado Pablo Neruda -nombrado cónsul en esa ciudad- y su mujer, Maruca Hageenar. En septiembre de 1933, María Luisa se reúne con ellos.

 
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