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Marzo 2003

Historia de las relaciones exteriores chilenas:

Nuestra guerra con los Estados Unidos (continuación)
 
Por Darío Oses

Más de una vez nuestras relaciones con los Estados Unidos han sido tirantes. Particularmente difíciles fueron durante el gobierno de Salvador Allende, por la nacionalización del cobre, sin indemnización para las compañías cupreras norteamericanas. Volvieron a ponerse tensas en tiempos de Pinochet, a raíz del atentado en Washington que costó la vida al ex Canciller Orlando Letelier. Pero lo que estuvo a punto de provocar una guerra, fue una vulgar pelea de borrachos en un bar de mala muerte, el True blue, de Valparaíso, en 1891.

Tuvimos, además, un decidido enemigo en el gobierno norteamericano. Las dos veces en que James G. Blaine desempeñó la Secretaría de Relaciones Exteriores de su país, dirigió maquinaciones diplomáticas en contra de Chile. En 1891 llegó hasta hacer que el Ministro de Guerra preparara un plan de campaña para invadirnos.

En su artículo Reminiscencias históricas y diplomáticas, publicado en 1935, Antonio Varas Herrera señala que ese plan existió, y que el embajador de Argentina en Washington, Estanislao Cevallos le envió una copia a su Presidente, el general Roca. Éste comentó que podría ser útil, llegado el caso. Por su proximidad con Chile, la Argentina podría ponerlo en práctica con mayor facilidad que los Estados Unidos.

Un Perú "totalmente norteamericano"

Al parecer, el gobierno de los Estados Unidos vio con desconfianza cómo luego de triunfar en la Guerra del Pacífico, Chile se convertía en una pequeña potencia en el Pacífico Sur, en la que los ingleses tenían intereses importantes. Esto contrariaba la doctrina Monroe.

En 1881, cuando Chile ocupaba militarmente el Perú, el embajador norteamericano en este país, Christincy, le envió a Blaine, el 4 de mayo, una carta confidencial en la que le dice: "mi conclusión es que el único medio eficaz para que los Estados Unidos dominen el comercio del Perú, y eviten otro predominio o influencia material a lo largo de esta costa es o intervenir activamente, obligando a los beligerantes a un arreglo de paz en términos razonables, o gobernar al Perú por medio de un protectorado o una anexión...".

Luego Christincy esgrimía el ya conocido argumento de que lo mejor que puede ocurrirle a un país es ser invadido por los norteamericanos: " El Perú, en las manos o bajo el Gobierno de los Estados Unidos, pronto volvería a ser uno de los países más ricos del mundo... Cincuenta mil ciudadanos emprendedores de los Estados Unidos, dominarán a toda la población y harán al Perú totalmente norteamericano. Con el Perú bajo el gobierno de nuestro país, dominaremos a todas las otras repúblicas de Sud América, y la doctrina Monroe llegaría a ser una verdad.

 
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