"Es la cultura de los porteños la que se declara como patrimonio de la humanidad".
 
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Mayo de 2003


Postulación de Valparaíso a Patrimonio de la Humanidad:

Del cerro los placeres yo me pasé... al mundo

A propósito de la postulación del puerto como Patrimonio de la Humanidad ante la Unesco, les entregamos este reportaje escrito por Juan Chapple Clavijo, periodista de la División de Cultura del MINEDUC, en la revista Ciudadanía y Cultura, Nº2.
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Paseo por Valparaíso
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Ciudades. Hablar de ciudad es hablar de democracia. La ciudad es, en teoría, el sitio democrático por excelencia, donde se debería ejercitar la mezcla social y cultural; más que espacio público, espacio donde lo público crea consistencia, se plenifica, se expande, y, por extensión, donde se le da cuerpo a lo ciudadano. La ciudad asimismo, en la lucha de esos términos, siempre conflictivos en la transacción social, sobre todo en estos tiempos del cólera, es también el espacio de la memoria. Y cuando decimos memoria no hacemos referencia a monumentos y edificios "vernaculares" solamente, sino que a la puesta en cuerpo de la ciudad, la puesta en oficio participativo de la ciudadanía. Es dentro de este pensamiento desde donde quisiéramos entender la postulación de nuestras ciudades a convertirse en Patrimonio de la Humanidad. Si los edificios van unidos a los sueños que les dieron origen, si las calles están vivas y no son únicamente pasajes de tránsito en la estela comercial o confinadas como vías de transporte, pero sí repasadas por la imaginación ciudadana; si es el lenguaje, la cultura, la historia y el futuro contenido, respetado y proyectado desde esa historia el que se manifiesta en identidades, entonces podríamos hablar que un protocolo de aceptación o una postulación como la de Valparaíso a ser Patrimonio de la Humanidad tiene sentido o se trataría de un mero rito de chauvinismo cultural para vender una imagen país. Por eso, antes de medir en el "ring" internacional si una ciudad es un patrimonio de la humanidad, tendríamos que medir, si esta ciudad es un verdadero sitio en la memoria viva de su gente, de sus autoridades, de un Estado y hasta de las empresas que en ese espacio se desarrollan.

Dentro de este escenario identitario, dentro de esta fusión de pasado y futuro, más allá de todas la cifras especulativas y comerciales de un lugar, el caso de Valparaíso goza de buena salud. Valpo, como ha quedado inscrita la ciudad en el habla porteña, conserva y potencia esos atributos, fruto de las inmigraciones, fruto de su herencia y proyección portuaria, y que en lo cultural traspasa la ligazón comercial en el despliegue naviero; es la marca inscrita en sus añosos edificios de herencia extranjera y en esos otros, hijos de la sobrevivencia e imaginación colorida de sus gentes, en la geografía laberíntica en ascenso hacia sus cerros, en su espectacular bahía, y esa otra endemoniada geografía de cafés, bares, pubs, prostíbulos; en esa sensualidad de puerto caliente y cálido; en ese hálito cultural e identitario que se puede encontrar hasta en sus suicidas y en los habitantes que bajan hacia "el plan", sin ningún plan más que tomarse un buen trago y perderse en las callejuelas de la conversación, esto último, casi otro sinónimo de hacer ciudad. Y es el conjunto de estos atributos, potencias y desarrollos, es decir, historia, identidad, conciencia ciudadana frente a su legado, sumado a la gestión y a proyectos de desarrollo para potenciar ese legado, el que se mide en primera y última instancia para obtener la declaratoria de un sitio como Valparaíso a Patrimonio de la Humanidad. O, como señala Ángel Cabeza, Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales, el fin último de la postulación de un bien o ciudad al patrimonio mundial no está dado por la postulación sin más o su posterior consecución, sino "que es la conservación y puesta en valor del patrimonio cultural tangible e intangible de la ciudad" lo que estaría en juego.

- El Proceso
- Con o sin declaratoria
- Sitios nacionales que integran el patrimonio mundial
y lista tentativa

             
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