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Febrero 2009
Mitología chilota
Creencia meztiza

Pese a que la raíz de la mitología chilota nace en la cosmovisión mapuche, es a partir de la conquista española, a mediados del siglo XVI, cuando este rico acervo de creencias de transmisión oral se desarrolla plenamente dando origen a un vasto imaginario que se proyecta en arquetipos universales.

Por Andrea Torres Vergara


La mitología chilota –conocida principalmente a través de criaturas como el Trauco, la Pincoya y el Imbunche– se origina, tal como otros elementos de la cultura nativa, en las particulares condiciones geográficas del archipiélago. Por un lado, el paisaje insular, donde el mar es poder omnipresente y los bosques ámbitos misteriosos, ha determinado la jerarquía y distribución de las divinidades en un espacio al mismo tiempo real y simbólico. Por otra parte, su inevitable aislamiento del continente permitió la construcción de este universo mítico, que, con características muy particulares, ha permanecido prácticamente inalterado en el tiempo.

Sin embargo, los rasgos identitarios que permiten hablar de una mitología propia de Chiloé se encuentran no tanto en el territorio como en el proceso de mestizaje que caracteriza a su cultura. Así, pese a que la raíz del mito chilote nace en la cosmovisión mapuche, es a partir de la conquista española, a mediados del siglo XVI, cuando se introduce la tradición occidental y se desarrollan una religiosidad y una mitología sincréticas, en las cuales conviven armónicamente el culto pagano y el cristianismo occidental. Esta mezcla, entonces, ha permitido la creación y transmisión oral de costumbres, leyendas y criaturas que, sin perder su especificidad, responden a un imaginario universal.

Ya Francisco Cavada, en Chiloé y los chilotes (1914), llamaba la atención sobre las semejanzas entre la mitología chilota y la grecorromana. Desde la existencia de un mito de origen que genera una suerte de monarquía estelar –en el caso chilote, las serpientes Tentén y Caicai, el Pincoy y la Pincoya, el Millalobo y la Sirena, seres que también encuentran su correlato en Occidente– hasta la división de las divinidades entre seres de mar y tierra, existe una conexión que Cavada sólo enumera, dejando “al erudito mitólogo la tarea de buscar las causas o razones de tan singular analogía”.

A simple vista, se pueden apreciar las coincidencias entre el cacho de Camahueto, animal fantástico de gran fuerza y belleza, y el cornucopiae de la cabra Amaltea, ya que ambos cuernos simbolizan la abundancia y la fecundidad. Según Renato Cárdenas, en El libro de la mitología (1998), la raspadura del Camahueto es la base de la farmacopea popular chilota, ya que, bien administrada, otorga fuerza y vitalidad a los animales y las personas. Un exceso de remedio eso sí, puede transformar al encamahuetado en un ser irascible y violento.

Cavada también señala la coincidencia entre el Trauco y los faunos o los sátiros, por los instintos lascivos de unos y otros, y porque ambos habitan los bosques y lugares solitarios. Características similares se pueden encontrar también entre el macho cabrío mítico europeo o las blemias etíopes y el Butamacho, Chivato de la cueva o Invunche chilote, todos monstruos originados en el ser humano, pero con malformaciones y extremidades animales. El Imbunche, que tiene una pierna pegada hacia la espalda, la cabeza torcida y la lengua partida en dos, ha trascendido en nuestro país su existencia mítica para caracterizar también a seres maléficos o deformes en general.
 
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