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Cada fin de año hace
su entrada triunfal en los hogares chilenos. Preparado
en casa o embotellado, la Cola de Mono es uno
de los elementos más propios y tradicionales
de la celebración de nuestra nórdica
y anglosajona navidad. Las versiones de su origen
lo ligan a la figura del Presidente Pedro Montt.
Receta
tradicional de Cola de Mono
Don Manuel Antonio Román,
en su Diccionario de Chilenismos y otras voces
y locuciones viciosas, atribuye al ponche en leche
el nombre de Cola de Mono, por su color café
oscuro. Algunos informes señalan que este
preparado se envasaba y se vendía en botellas
de Anís del Mono, provenientes de España,
muy populares en América, y cuya etiqueta
mostraba a un mono con su larga cola. Sin embargo,
la mayoría de las versiones ligan su nombre
y su origen a la figura de Pedro Montt, a
quien sus íntimos llamaban "el mono
Montt".
Según
Torres Vergara, en una ocasión en que Montt,
siendo Presidente de Chile, disfraba junto a sus
amigos de una velada en casa de doña Filomena
Cortés y sus cuatro hijas, habría
pedido que le entregaran su revólver Colt
para retirarse. Como llovía torrencialmente,
y nadie quería que el presidente se fuera,
argumentaron no encontrar el revólver y
lo convencieron de continuar la fiesta. Como se
habían acabado los vinos y licores, agregaron
aguardiente y azúcar a una jarra de café
con leche. La bebida, que tuvo gran éxito,
fue bautizada como Colt de Montt (haciendo alusión
al asunto del revólver). El nombre de la
Colt de Montt, habiéndose popularizado,
habría degenerado en "col e mon"
, "colemono" y, finalmente, "Cola
de mono".
Otros lo atribuyen a una anécdota ocurrida
durante la campaña presidencial de 1901,
cuando Montt fue derrotado por Germán Riesco,
cuyos seguidores habrían ido a celebrar
su victoria y la "cola de Montt" a una
heladería en la calle San Pablo. El dueño
del local habría servido su especialidad,
consistente en agregar aguardiente a los helados
de café con leche ya derretidos. La denominación
de la bebida, bautizada en la ocasión como
"Cola de Montt", habria degenerado,
gracias a la picardía popular, en "Cola
de Mono".
Don Eugenio Pereira Salas, en "Apuntes para
la historia de la cocina chilena", da por
inventora del Cola de Mono a doña Juana
Flores, que hasta hace pocos años mantuvo
su venta en San Diego. Otros aseguran que lo creó
su marido, quien se molestaba cuando lo llamaban
Cola de Mono y no "Colemono", como él
lo habría bautizado.
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