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Febrero 2009
Renato Cárdenas, investigador de la cultura chilota:
“Las salmoneras provocaron en Chiloé un impacto mayor que la Conquista” (continuación)

 

La fiesta del trabajo compartido

Las comunidades tenían una interacción laboral donde tú no pagas por el trabajo, sino que lo compartes. La expresión más alta de esto es la minga. La siembra de papas, por ejemplo, era una usual ocasión para buscar a un grupo de vecinos que colaboren a cambio de buena comida, música y bebida. “Ofreces carne, papas, mucha chicha y música. El pescado y el marisco no son comida de fiesta, contundente. Y en esas instancias generan el movimiento social. En esas reuniones se encuentra el novio, la novia. La minga para la construcción de casas es un medán. Ya no se practica. Tú construyes una casa entonces los vecinos te llevan materiales y tú retribuyes con una fiesta”.

Una dinámica, por lo demás, altamente productiva: “No hay flojos, porque al que saca la vuelta nunca nadie más lo invita. Se mezcla el trabajo con la entretenciòn, hay mucho humor. La fiesta parte en el momento en que tú empiezas a trabajar, todo es festivo. Y la coronación es el baile. Al perderse, al atrofiarse este elemento. Las trabajadoras y trabajadores de las salmoneras van con disgusto. El trabajador de la minga va con ganas. Pregunta por qué no lo invitan. Es una conviviencia, y trabajan muchísimo”.

Una forma de asociatividad no homologable a las estructuras estatales. “En los 70 se estimuló mucho la cooperativa y en general no funcionó. La isla Llingua es un particular ejemplo de organización sindical de los pescadores, donde las mujeres tienen una agrupación de artesanas. Funciona muy bien y disfrutan el trabajo. Las cooperativas tienen una administración, no es lo mismo, en la minga no hay ninguna obligación ni ninguna jerarquía”, explica Cárdenas.

Dentro de esta dinámica tradicional comunitaria, la música juega un rol crucial, siendo parte fundamental de la retribución al vecino por el trabajo realizado. “Si ibas a hacer una minga lo primero que hacías era buscar al cantante“. Es así como se origina una rica tradición musical anclada en esta realidad económica, social y cultural, que cuenta con numerosos exponentes, músicos y cantores. “Sin el músico no había minga, es un personaje muy valorado. Ese músico se preocupa de generar un repertorio muy amplio porque tiene que amanecer cantando y sin repetirse y hacer bailar a la gente. Canahue, por ejemplo, es uno de los tres grandes cantores que ha tenido Chiloé, de esta tradición vinculada al trabajo, junto con Jerónimo Barría y José Molina”.

Después de los 80 estos cantores pasaron a ser “artistas”, saliendo de su contexto original al escenario. “Yo una vez hice un encuentro de cantores campesinos en Castro, Achao y Ancud y fui a invitar a Jerónimo Barría. Le conté lo que íbamos a hacer, y que iban a llegar más de 3.000 personas. Su único comentario fue: ¿y la gente no baila? Y yo le expliqué que no, porque era un concierto. Cuando se despidió me dijo: bueno, después habrá fiesta no? No concebía cantar en seco”.
 
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