Nivia Palma
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Abogada de la Universidad
de Chile, ex directora
de Fondart renunciada
en defensa de la
libertad de expresión,
Directora Nacional
en la clandestinidad
de la Izquierda
Cristiana, partido
en el que militó
desde los 18 años
y, posteriormente,
miembro del Comité
Central del Partido
Socialista, la figura
de la hoy Directora
de la DIBAM, Nivia
Palma, se ancla
en un claro perfil,
el de una “política
dedicada a la cultura”,
como ella misma
se define: “Entiendo
la política
como la preocupación
por los intereses
públicos,
cada vez me interesa
menos la política
partidaria. Tengo
una historia personal
vinculada a la lucha
democrática
en la dictadura
militar y reivindico,
cualquiera sea la
ideología
de una persona,
el accionar político
como un accionar
ético, muy
válido para
colaborar con el
país”.
En su opinión,
la imagen de la
clase política
ha sido lamentablemente
perjudicada por
varios factores,
lo que no le quita
su legitimidad:
“Sigo creyendo
en los políticos
valiosos y quiero
contribuir desde
la política
a que los temas
culturales sean
temas del estado,
de los medios de
comunicación,
de la economía
de la ciudadanía.
Los seres humanos
vivimos en comunidad
y cada vez que lo
hacemos, estamos
haciendo cultura.
Es demasiado importante
en nuestra vida
la cultura como
para que no sea
un asunto que debe
ser garantizado
a los ciudadanos”.
-
¿Cómo
llegó a ser
Directora de Fondart?
- Jorge Arrate,
que era el ministro
de Educación,
me llamó
para reemplazar
a Gonzalo Vío,
que se iba a crear
Balmaceda 1215.
Arrate me conocía,
sabía que
era una gran lectora,
que me gustaba el
teatro, que había
estado involucrada
en actividad cultural
en la Universidad
de Chile, donde
fui parte de la
Agrupación
Cultural Universitaria
(ACU), además,
por mi formación
y mi activo ejercicio
como abogado en
Tribunales, era
la persona idónea
para abordar los
muchos muchos desafíos
administrativos,
que entonces tenía
el Fondart. Consideró
que tenía
el perfil. Al poco
tiempo me hice responsable
también del
Fondo del Libro.
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