
Carlos Cabezas.
Fotografía:
Gonzalo Donoso.
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Desde Ovalle, Carlos
Cabezas llegó
un buen día
de principios de
los 80 a la capital
para, luego de unos
cuantos estudios
universitarios de
ingeniería
y diversas experimentaciones
caseras en el campo
de los circuitos
eléctricos,
terminar encaramado
en una torre de
control de tráfico
aéreo, desde
donde se dedicó
a coordinar aviones
durante nueve años
(curiosamente, micrófono
en mano) en los
cielos de Pudahuel
y Cerrillos. El
niño adelantado,
que a los 16 ya
egresaba de la secundaria,
planeaba, al igual
que las aeronaves,
en busca de un camino
personal que combinara
su fascinación
por la electrónica
con su íntima
pasión por
la música,
que no se atrevió
a asumir hasta un
buen rato después.
"Lo que me
decían en
Ovalle, y lo que
estaba establecido,
es que la música
era algo que había
que estudiar desde
la infancia, porque
después ya
no había
mucho que hacer".
Nada más
alejado de la realidad.
Después de
un viaje a Londres
y tras el encuentro
en Tongoy con el
bajista Ernesto
Medina que, junto
a él y Silvio
Paredes, formarían
en el '83 el grupo
Electrodomésticos,
Cabezas se transformaría
no sólo en
un músico
de excepción,
irrumpiendo en la
escena underground
con un estilo musical
inédito en
Chile e inscribiendo
sus canciones en
la memoria colectiva
criolla. El precursor
de la electrónica
chilena también
se constituyó
en una suerte de
termómetro
de la música
nacional. Por su
oreja, su mano de
productor y su estudio
Constantinopla,
pasaron muchas de
las bandas locales
de los 90 y su proyección
como compositor
y cantautor aún
tiene mucho paño
que cortar. En 1997
editó como
solista el disco
El Resplandor; entre
2004 y el 2005 resucitó
a Electrodomésticos
después de
dos décadas
y hoy, además
de hacer los temas
y cantar con su
banda, colabora
con proyectos como
Dr Q (junto al diseñador
y video artista
en los 80, Francisco
Fábrega)
y desarrolla todo
tipo de producciones
y encargos musicales.
Incluido un disco
para practicar Kundalini
Yoga, cuyas bases
programadas reverberan
junto a su resonante
voz en su estudio
de la calle Julio
Prado.
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