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Noviembre 2004

Boris Prado, artesano volantinero


Las enseñanzas de un abuelo encantado por el aire (continuación)

"Mi abuelo era de escasos recursos y muchos hermanos. Desde los 7 años hacía volantines con su familia para venderlos en septiembre. Desde entonces él se encantó con los volantines y le gustaba todo lo que era aéreo. Compraba libros, se instruía con los volantines de China, en busca de la perfección. Con el tiempo se empieza a interesar en hacer aviones y estudia aerodinámica en forma autodidacta".

Así relata Boris Prado, de 36 años, expositor de la Muestra Internacional de Artesanía Tradicional de la Universidad Católica, la historia del singular talento de su abuelo, Guillermo Prado, de quien aprendió el oficio de volantinero. Un hombre que con tal tenacidad y profundidad se dedicó al estudio de las leyes naturales del vuelo, que llegó a ejercer como profesor civil en la Fuerza Aérea, al tomar contacto con el gobierno de Frei, que adquiere sus prestigiosos juguetes y volantines para regalar a los niños en navidad.

A los cuatro años Boris ya se instalaba junto a él a verlo fabricar sus volantines. Obras de valor individual, llevadas a cabo con extremo perfeccionismo, respondiendo en sus amplias proporciones a un detallado cálculo matemático y en sus figuras y coloridos a un moderno concepto del objeto artístico. Boris lo ayuda tomando nota de medidas y cortes, sin atreverse a demostrar nada a su exigente maestro, siempre dispuesto a la dura corrección.

"Mi abuelo siempre me decía que yo tenía que continuar con este oficio, ya que sólo uno de sus hijos era volantinero y falleció. Mi papá se dedicó a la música, tocaba en el Munich, en Malloco. Yo le decía: sí, Tata, puede ser, pero nada concreto. El no sabía que yo realmente manejaba esto, y que hacía cosas por mi cuenta. En el 2003 él falleció y antes de morir me dijo que sus deseos eran ser incinerado y que alguien heredara el trabajo de volantinero. Ahí yo llegué a la conclusión de que yo era el único que podía continuar su obra. Y tomé la decisión, pero siempre en el anonimato, hasta que un día me llegó la invitación de la Universidad Católica para representar a mi abuelo en la Muestra de Artesanía y dije que bueno. Y así fue como vine por primera vez el año pasado y empecé a mostrar mi trabajo".



- Volantines en el Bellas Artes

         
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