Carmen Gloria Benítez en su casa-taller.
 
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Noviembre 2002

Carmen Gloria Benítez, bordadora de El Barrero:
La unión hace la fuerza
Desde hace más de un cuarto de siglo, las mujeres de la población El Barrero, en Huechuraba, desarrollan una industria de confección, cuyo origen artesanal se remonta a los Talleres de Conchalí, fundados en 1975. Basándose en la colaboración y en el trabajo femenino, han llegado a conformar una fuerza económica que es el sustento familiar de la zona. Conversamos con la bordadora Carmen Gloria Benítez, presidenta de una asociación de trabajadoras independientes.

Por Rosario Mena

La historia de las bordadoras de El Barrero, se remonta hacia finales de los años sesenta, cuando se fundó esta población, en los faldeos de los cerros de la actual comuna de Huechuraba, antiguamente parte del municipio de Conchalí. Allí llegaron cerca de 400 familias compuestas de matrimonios jóvenes provenientes de dos sectores de Santiago, quienes se sumaron a los campesinos del lugar. Entre los recién llegados se encontraba Carmen Gloria Benítez, hoy Presidenta de la Fundación Bordadoras de Huechuraba. "Nosotros estábamos en El Salto, abajo. Un amigo de mi marido nos dijo que aquí había una toma y que probablemente podíamos tener un terreno. Nos vinimos sin nada. Eché todas mis cosas en una camioneta y llegamos aquí, que era puro polvo. Mi marido ya había construido una pieza y ahí nos metimos con nuestro hijo de un año. Todas las familias que llegamos éramos jóvenes y casi todos nos habíamos criado en provincia, en el sur. Desde el principio fuimos muy unidos, hasta hoy".

Allá por el año 75 llegaron al lugar "unas señoras de Vitacura que nos vinieron a ofrecer que aprendiéramos técnicas de tejido." Es así como las mujeres del sector comenzaron a hacer alfombras con modelos traidos de Brasil, que tuvieron gran demanda. Tal fue el inicio de los talleres de Conchalí, organizados en varios grupos de pobladoras, cuyo número creció rápidamente, hasta llegar a formar un pueblo de artesanas que pronto aprendieron el trabajo de la costura y los bordados y generaron una producción amplia y sistemática de alcolchados,lencería, artículos de casa, ropa y vestidos de niñas que hasta hoy son su principal fuente de ingresos.

Lideradas por doña Josefina Errázuriz, las mujeres del barrio alto se unieron a las pobladoras para crear una industria ejemplar, basada en el trabajo femenino, la colaboración y la asociación. Las prendas eran entregadas en la sede de la Junta de Vecinos, donde las trabajadoras cobraban su salario. "Nos trajeron máquinas, tijeras,moldes, todo lo que necesitábamos. Como ellas viajaban a España, a Francia, a Inglaterra, nos trajeron los modelos de los vestidos y empezamos a hacerlos. Incluso le hicimos una ropa los niños de la Princesa de Gales".

 
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