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A
continuación presentamos las palabras
de Orlando Galarce Ruz, escritas en adhesión
al Premio a la Cueca Chilena Samuel Claro
Valdés. Con el fin de dar un marco
a su arenga, Galarce rescata la siguiente
afirmación del inspirador del mencionado
galardón: "La cueca es un canto
que estaba entre nosotros desde siglos; un
canto que representa la tradición libertaria
del mestizo". Este es el fundamento que
le permite adentrarse en la evolución
de este género desde los albores de
la República hasta nuestros días.
Un homenaje a la cueca en el que se dan a
conocer los versos inéditos del compositor
mexicano Agustín Lara, quien los improvisó
durante una animada conversación nocturna
con unos amigos.
"Parí del vientre de una guitarra
en primavera, antes que la patria existiera.
Por eso la vi nacer, crecer y ser grande,
ya en 1810 me alegré con la declaración
de nuestra Independencia; sufrí y lloré
por cancha Rayada y Rancagua, emigré
y acompañé a nuestro ejército
en sus triste, largo y penoso cruce de la
cordillera. Pero yo nunca me sentí
convencida ni derrotada y cual bálsamo
les ayudé a mitigar su dolor y sanar
sus heridas y con mi optimismo les contagié
valor y a tener fe en el porvenir; retomé
ilusionada y confiada con nuestros soldados,
por eso gocé en Chacabuco y vibré
en Maipú cuando un 5 de abril, con
la carga del coronel y huaso Santiago Bueras,
que ofrendó su vida por la patria en
esta heroica acción se ganó
la batalla final. Como único testigo
de nuestra historia, lo fui de la promesa
del general O´Higgins de erigir un santuario
donde se consagrara nuestra Independencia
y también del histórico e inmortal
abrazo de nuestros libertadores.
Compañera de la legendaria Candelaria
y sus cantineras, ya que hicimos juntas la
dura y sacrificada campaña del desierto
acompañando a nuestros bravos combatientes
y cuando llegó el sublime instante
de atacar el fortificado morro, baluarte del
enemigo, le infundimos valor y heroísmo
a nuestros jóvenes infantes. Y cuando
la historia coronó su arrojo y entrega
por la patria, celebramos juntos esta heroica
gesta y velamos por su merecido descanso.
Ahora que soy vuestra danza nacional, con
la bandera, el cóndor, el huemúl
y el copihue, formo parte de nuestro símbolo
patrio. Me encuentran también en salones
festivales, colegios y estadios, donde comparto
con todos, especialmente con mi pueblo, sea
este rural o urbano, por eso me mantengo siempre
vigente, cuando me invitan a compartir sus
fiestas y bailes para contagiarlos con mi
ritmo y alegría.
Como hembra soy soñadora, recatada,
coqueta, ardiente, esquiva, amorosa y frágil,
pero termino entregándome como la más
fiel de nuestras mujeres.