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Marzo 2009
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El diablo en el cuerpo y en el alma de Chile (continuación)

 

Pobre diablo

Para Vicuña Cifuentes, en la mitología popular chilena, el Diablo casi siempre termina engañado, vapuleado, escarnecido o haciendo el ridículo.

Porque aunque el Diablo del mito popular procede de la tradición católica, ya no es el terrorífico príncipe del mal de la religión, sino un ser que aunque sobrenatural, ha terminado lo suficientemente disminuido como “para hacer ahora ridículo lo que ayer era espantoso”.

Así, Satanás ha llegado a tener cercanía con el hombre del pueblo, que, como anota Vicuña Cifuentes, lo ha visto bailando cuecas en el Parque Cousiño o lo ha encontrado borracho a la salida de una cantina. Se cuenta también que unos niños le ganaron los cuernos jugando a las chapitas, y de un tal ño Pedro, que le molió las costillas por andar molestando a su hija.

Manuel Dannemann cita la versión obtenida en Puente Alto de una poesía popular que muestra al Diablo remoliendo: “El diablo con una espuela,/ adentro de una chingana/ bailaba una sajuriana/ con una diabla chicuela. Al compás de una vihuela/ saltaba como pescado…”.

Antonio Acevedo Hernández destacó la relación amistosa que suele entablarse entre el Diablo y el roto chileno. Éste llegó a superar en astucia y en mañas al Cuco. Este motivo fue tomado en 1945 por Cristina Miranda que escribió la letra de una refalosa, con música es de Margot Loyola: “Dicen que el Diablo nació/ entre Pichi y Talamí (…) / Diablito de Talamí (…) no me vengas con diabluras / porque en eso te las gano a ti”. Pichi y Talamí están cerca de Alhué que son tierras por las que tradicionalmente se ha paseado el Diablo folclórico.

Hay un dicho que pone al Diablo en una situación humana y cotidiana. Para aludir a algún sitio muy apartado se dice: “Donde el diablo perdió el poncho”.

Existe también una herramienta muy usada por los trabajadores, que sirve para desclavar y forzar puertas y cajones, se usa como palanca y se la llama “el diablito”.

Mañas contra el Diablo

Maximiliano Salinas advierte que la derrota y el escarnio que sufre Satanás en las tradiciones populares, son una respuesta frente al terrorismo de la demonología oficial.

Cita Salinas la leyenda recogida por Acevedo Hernández cerca de Curacaví, en 1936, del roto que engañó a Satanás por el simple recurso de no poder firmar el pacto porque era analfabeto. Menciona también la broma que le hicieron unos campesinos de la región del Maule a Satán. Según esta leyenda, recogida por Plath, los hombres echaron al Diablo en un fondo de comida hirviendo.

A Lucifer le ocurren percances que afectan al común de los mortales. Una cuarteta del folclore melipillano dice: “El Diablo estaba llorando/ pal lao de Chocalán/ porque lo cagó un chercán/ que pa Loica iba pasando”.

Y una cueca canta: “El Diablo se fue a bañar/ y le robaron la ropa/ la diabla lloraba a gritos/ de ver al Diablo en pelota”.

Para Salinas hay otro tema vinculado con la derrota y la extinción de lo diabólico en la cultura popular: el de la muerte del Diablo. Sin embargo, para este investigador, la forma más completa de extinción de lo diabólico en el folclore chileno sería “la carnavalización del Diablo (por obra del mismo Dios), que es la más maravillosa extinción del terror demoníaco”. Cita Salinas, como ilustración de esta creencia popular, el Contrapunto del Diablo con el Padre Eterno por haberlo arrojado del cielo, del poeta Daniel Meneses, publicado en 1896: “Al fin el último día/ se acabará tu castigo/ y así te vendrás conmigo/ a gozar de la alegría. /Estando en mi compañía/ disfrutarás del placer/ cesará tu padecer/ y vas a ser muy feliz/ cuando a mi reino tú entrís/ no serás más Lucifer”.

Este triunfo se representa en las diabladas, que tienen reminiscencias del carnaval de la cultura popular medieval, en que el pueblo transformó en fiesta lo que era terror demoníaco, y en baile y alegría la macabra intimidación infernal de la cultura oficial.

 
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