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Hay que recordar
eso sí, que
desde la llegada
de los conquistadores
el plato de comida
recibió miles
de ingredientes.
Y esa tendencia
continua hasta el
día de hoy.
En el norte de Chile,
después de
la conquista y de
la colonia, el ciclo
salitrero le puso
otra sal y otra
pimienta a la comida
regional.
La mesa regional
expresaba las decenas
de nacionalidades
arribadas al puerto
de las siete letras.
Cada uno de ellas
trajo sus olores
y sabores. La comida
china se introdujo
en la olla, al igual
que los spaguetti
italianos, el té
de los ingleses
sirvió como
perfecto bajativo
y motivo suficiente
para entablar una
larga conversación.
Cada viajero trajo
su plato y sus utensilios.
Y esta tendencia
se hizo presente
durante todo el
siglo XX. Cada uno
de los migrantes
venido ya sea por
la oferta de la
industria pesquera
en los años
60, o por la Zofri,
en los 80 o bien
por el nuevo ciclo
minero, en los 90,
se las arregló
para sazonar la
comida regional.
Con la Zofri, por
ejemplo, la comida
hindú, llenó
de sus fuertes olores
ciertos barrios
de la ciudad. La
comida boliviana
y paraguaya se instaló,
en los sectores
que éstos
ocupan, cuando vienen
de compra a la Zona
Franca.
El completo o el
hot-dog, apareció
como producto a
vender en forma
publica por allá
por los años
50. Era entonces
un lujo al que sólo
podían acceder
los privilegiados.
La mayonesa era
casera, y las vieneses
venía en
tarros. El choripán
es de los años
90. El valor de
ambos absolutamente
permisivo.
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