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Noviembre 2005

La familia Parra

La aristocracia de la tierra (continuación)
 

Las anécdotas de esos recién llegados hermanos Parra en Santiago son interminables. Roberto y Eduardo se comunicaban a través de un mismo y pícaro lenguaje, con el cual se protegían mutuamente de los lanzasos o embrollos con la policía. Mientras su hermano Nicanor ascendía como una de las más brillantes mentes de la Escuela de Matemáticas de la Universidad de Chile -y así, hasta llegar nada menos que a Oxford-, el mundo de Roberto y Lalo era el de los bajos fondos, conventillos y prostíbulos. Seguir su pista biográfica es tan complejo como incierto. Pero, precisamente gracias a esa dispersión, fue que Roberto logró dar con el ambiente que le permitiría componer su obra cumbre, La Negra Ester.

Entre las muchas características que sorprenden en la relación entre los hermanos Parra, está el modo leal en el que uno a otro fueron apoyando sus evidentes talentos creativos. Fue Nicanor quien envalentonó a Violeta a olvidarse del folclor tradicional y aventurarse con sus propias composiciones. Del mismo modo, Violeta se preocupaba de esconderle las botellas de vino a su hermano Roberto, para que éste lograra de una vez grabar un disco que probara su enorme talento como cuequero. De no ser por ella, las sesiones en estudio hubiesen terminado siempre en tomatera, y es probable que hoy ni conoceríamos "El chute Alberto" o "El arrepentido".

Las vidas de los Parra se entrecruzan, y cada una de sus obras los explica a ellos mismos pero también al excepcional clan del cual formaron parte. Las suyas son vidas contradictorias: desarraigadas en lo práctico -pues, a excepción de Nicanor, nunca aprendieron casi nada de lo que pudiera entenderse por una "vida asentada"-, pero a la vez profundamente conectadas con sus orígenes. Ni la ciudad ni la fama en el caso de Nicanor; ni Europa ni las muchas decepciones, en el de Violeta; ni el alcohol ni el poco reconocimiento en el caso de Roberto, los alejaron de su esencial expresión campesina.

Si su obra gigantesca ha llegado hasta nosotros ha sido, también, por mérito de este gran clan. Isabel y Ángel, los hijos de Violeta, hicieron mucho por difundir el trabajo de sus tíos cuando instalaron la "Peña de los Parra", en calle Carmen. Ángel Parra II, el ex guitarrista de Los Tres, tendió un puente importantísimo entre su familia y la inquietud rockera de gente como Álvaro Henríquez. Del mismo modo, Javiera Parra ha sido vital para hacer entender que su familia tiene más que ver con el desprejuicio y la amplitud de referentes, que con la cultura huasa a la que a veces se les quiere asociar. La cantante pop lo ha explicado así: "La familia de mi padre representaba la aristocracia de la tierra; no del dinero". Si sumamos a la talentosa Tita, hija de Isabel, confirmamos que entre los Parra casi todos han grabado música de parientes. Hoy está en silencio, terminando sus estudios de Arquitectura, pero quizás con qué vuelta creativa vuelva a la música Colombina, la hija de Nicanor y antigua cantante de los furiosos Ex.

Y quizás qué nuevos argumentos tendremos para terminar de convencernos que no ha habido familia artística más sorprendente que la suya.

 
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