Turismo Cultural
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Abril 2007
Visita a la mina Chiflón del Diablo
Negro recorrido

 

José Reyes, por más de 20 años trabajador en las minas de carbón de Lota, es uno de los anfitriones que guía al visitante por el oscuro recorrido del Chiflón del Diablo, emblemático yacimiento que este mes cumplirá diez años de cierre. Un viaje a través de un húmedo túnel que se sumerge 850 metros bajo el mar. Impactante evidencia de la esclavitud que vivieron estos mineros, que gracias al turismo, se ha convertido en una alternativa económica en la que se mezclan la nostalgia, el orgullo por el oficio y la denuncia social.


José Reyes, ex minero y uno de los guías de la mina Chiflón del Diablo.

"En el siglo XIX aquí trabajaban niños de ocho años en adelante. A los trece años la empresa les hacía un contrato como adultos. A la gente se le pagaba con fichas, para que ellos pudieran comprar en la pulpería que tenía la misma empresa. Lo que significaba que al trabajador con una mano se le daba y con la otra se le quitaba". Estas palabras son parte del elocuente guión que el ex minero José Reyes recita con vehemencia a los visitantes de la emblemática mina Chiflón del Diablo, yacimiento que debe su nombre al cuento del escritor lotino Baldomero Lillo y que el 19 de abril cumplirá diez años de cierre.

"Esta es la única mina en el mundo con ventilación natural. Esta es la única mina en el mundo en la que se puede hacer turismo aventura bajo el fondo del mar", cuenta Reyes antes de que los turistas bajen por un resbaloso, empinado y oscuro túnel que dirige hacia un pique de carbón. Con zapatones usados, que se prestan en el acceso a quien no llegue con calzado adecuado para la aventura, premunidos con cascos y lámparas, cuyas baterías pesan dos kilos, quienes se internen en la mina deben seguir las instrucciones del guía, que hábilmente se adentra en las profundidades como si se tratara de su propia casa. Más de 20 años de labor en el Chiflón, fueron más que suficientes para que Reyes adquiriera la pericia demostrada, orgullo por su oficio y conciencia sobre la importancia social, económica y cultural de este antiguo socavón, que se extiende 850 metros bajo el nivel del mar.

Reyes explica cada detalle relacionado con la mina, haciendo especial énfasis en la vida cotidiana de los trabajadores y en los términos y dichos que utilizaban para nombrar objetos y costumbres mineras. "Damas y varones, esto que ustedes ven acá es un túnel, pero en jerga minera esto se llama brocal. La construcción de las minas comienza el año 1837. Los ladrillos están pegados con argamaza, mezcla de arena, cal y clara de huevo. A todos los lotinos nos decían 'choyonka', porque todos trabajábamos 'achoyoncaitos' acá -relata el guía mientras se agacha-. Aquí había dos turnos. El primer turno era de 7 de la mañana a 7 de la tarde. El segundo turno era de 7 de la tarde a 7 de la mañana. El horario empezaba a regir abajo, cuando los mineros empezaban a picar. Lo que significa que la ida y la venida eran gratis".
 
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