Desembarco de los pasajeros del Winnipeg en el puerto de Valparaíso en 1939.
 
 
 
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Septiembre 2004



Winnipeg

El poema que cruzó el Atlántico (continuación)

El más grande poema de Neruda

De regreso en Chile, en 1937, tras haber sido Cónsul en Barcelona y Madrid desde 1934, Pablo Neruda conoce la trágica situación de los refugiados españoles en los campos de concentración franceses. Especialmente sensibilizado, debido a su estrecho vínculo con España y sus grandes amistades de dicha nacionalidad, abandona su escritura y se decide a ir en ayuda de estas familias. Conciente de que la acogida de los inmigrantes en nuestro país puede ser, al mismo tiempo, un gesto de generosa solidaridad y una ganancia en cuanto al aporte que estas personas podían realizar, convence al gobierno de Pedro Aguirre Cerda de auspiciar una ambiciosa empresa.

En 1939 Neruda es enviado a Francia a fin de organizar la emigración a Chile de los refugiados otorgándosele el título diplomático de Cónsul Especial para la Inmigración Española con sede en París. Con una pierna enyesada parte el Cónsul a su oficina en la capital francesa, hasta donde llegan miles de solicitudes de españoles para viajar a Chile, las que junto a su mujer, Delia del Carril, revisan personalmente una a una. Con ayuda del ex Gobierno Republicano español, ahora en el exilio, seleccionan a los potenciales inmigrantes, una labor nada fácil, si se considera la presión de la dictadura española y la dispersión de las familias de refugiados en distintos campos de concentración de Francia. Sin embargo, la tarea se lleva a cabo eficazmente con la creación del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles.

Para el viaje, se contrata un antiguo carguero francés, que habitualmente hacía el recorrido entre Marsella y las costas africanas con no más de 20 pasajeros. En esta modesta nave, llamada Winnipeg, en cuyas bodegas se acomodan apretadamente las literas, se subirían dos mil quinientas personas para llegar hasta Chile.

Mientras en el puerto francés de Trompeloup - Pauillac, cerca de Burdeos, se aceleran los preparativos para el zarpaje, en París, el famoso Pablo Picasso elogia la iniciativa de Neruda.

Pocas horas antes del embarque se encuentran los esposos, los padres y los hijos disgregados por la tragedia: "Los trenes llegaban de continuo hasta el embarcadero. Las mujeres reconocían a sus maridos por las ventanillas de los vagones. Habían estado separados desde el fin de la guerra civil. Y allí se veían por primera vez frente al barco que los esperaba. Nunca me tocó presenciar abrazos, sollozos, besos, apretones, carcajadas, de dramatismo tan delirantes.", escribe el poeta.

Un mes más tarde, tras una acontecida navegación, el viejo barco, el más grande poema de Neruda, entraba en la bahía de Valparaíso cargado de sueños y esperanzas.

     
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