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Marzo 2005


Arabes en Patronato

El negocio de la integración (continuación)

La Segunda Guerra Mundial y la partición de Palestina en 1948, trajeron consigo la gran oleada de inmigrantes árabes, en su mayoría palestinos, muchos de los cuales venían alentados por el éxito de sus conocidos y parientes. Un importante grupo se instaló en Patronato. En los 60 el sector, con sus talleres de confección, ya constituía una mediana industria textil. Se extendieron los locales comerciales para la venta, muchos de los cuales estaban ubicados en la planta baja de las casas en donde residían sus dueños y en donde además tenían los talleres. Con el tiempo, gran parte de los comerciantes se trasladó a vivir a otras zonas como Avenida Perú y posteriormente al barrio oriente de Santiago, destinando sus inmuebles en Patronato, exclusivamente a la confección y venta.

Sin embargo, lejos de reducirse a un conglomerado de negocios, este barrio de la comuna de Recoleta continuó desarrollando su cultura y vida propia, con sus lugares de encuentro, sus cafés, restaurantes e hitos urbanos, como la Catedral de San Jorge, patrono de los árabes ortodoxos. Construido en 1917, este templo sirve de parroquia tanto a los vecinos como a los locatarios residentes en otros sectores, que no han dejado de considerar este su barrio ni de participar en sus iniciativas sociales, como las agrupaciones de mujeres, el Policlínico Sirio o el grupo de Scouts Palestinos. Esto sin contar las reuniones en el restaurante Club Palestino, en la cercana Avenida Perú, en donde se reúnen amantes, dirigentes y amigos del famoso club de fútbol de la colonia.

Epicentro de las novedades y ofertas en el vestuario, este bullicioso barrio que diariamente es visitado por más de 10 mil personas, es fruto del empuje y la cohesión de estas familias de comerciantes cuya tradición se ha arraigado en sus calles, casas y locales desde finales del siglo XIX. A ellos se sumó, en la década de los 80, la inmigración coreana que, auspiciada por su gobierno, llega al país trayendo los dólares que escasean en plena crisis económica y obligando a muchos árabes a ceder los negocios que hoy manejan los asiáticos inmigrantes.

Tiendas de ropa importada y supermercados donde puede encontrarse desde insumos para preparar comida japonesa hasta muñecas fabricadas en China, se han intercalado entre los locales de confecciones de los paisanos y sus restaurantes con olor a café negro, donde se juntan a arreglar el mundo, a comer shawarmas, hojas de parra rellenas y dulces repletos de almíbar. A diferencia de esta gente conversadora y expansiva, plenamente integrada a la vida chilena, los coreanos conforman un grupo cerrado de personas generalmente reacias a relacionarse con otros vecinos, dedicados sólo al trabajo y que aún no han logrado adaptarse a la cultura local ni irradiar su tradición en el lugar que los acoge.
     
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