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En 1772 se levantó el puente de Cal y Canto para unir ambas riberas del río Mapocho.
 
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Septiembre 2003


La puerta de la independencia (continuación)

Avenida histórica

El camino de Chile, bautizado tras la conquista como "Cañada de la Chimba" fue más tarde, y hasta el final de la Colonia, denominado "Camino Real de la Cañadilla". Este nuevo nombre alude a su importancia como la principal via de entrada y salida a la urbe, convirtiéndose en el paso obligado de todo el comercio que provenia de Buenos Aires y de Cádiz por la cordillera, o el que iba a Lima y a Charcas por el puerto de Valparaíso. A sus orillas, desde el margen norte del Mapocho hasta las inmediaciones de Huechuraba se sucedian propiedades agrícolas originadas en la obtención de mercedes de tierra, varias de las cuales fueron destinadas a viñas. Mientras que en la parte ribereña fueron habituales los molinos que aprovechaban el agua del rio.

En 1772, con el objetivo de unir las dos riberas del rio, que sólo estaban conectadas por un puente de madera, se comenzó a construir el puente de Cal y Canto, una de las más ambiciosas obras ejecutadas hasta entonces en la urbe. Con unos pocos albañiles y 80 presidiarios se inició el levantamiento de la enorme estructura diseñada por el ingeniero militar José Antonio Birt que cambió completamente la apariencia del sector. Así, la Cañadilla, que quedó directamente comunicada con la ciudad, dejó atrás su carácter aislado. A uno y otro lado de la calzada, complementando el puente, se levantaban la quinta del Corregidor y el convento Carmelita generando un notable conjunto que engalanaba la entrada norte a la ciudad, gracias al impulso del corregidor de la ciudad, Luis Manuel de Zañartu.

Bajo la administración de Ambrosio O'Higgins, en la última década del siglo XVIII el antiguo camino adquirió la condición de calle, ordenándose la ejecución de una serie de mejoras. La mayor parte de las chacras originales se convirtieron en agradables quintas suburbanas con casas de descanso de importantes personajes coloniales. Es el caso del Obispo José Antonio Martínez de Aldunate, cuya residencia fue torpemente demolida en 1973. Por su parte, el puente de Cal y Canto también fue objeto de transformaciones, entre ellas la construcción de los quioscos en el costado poniente, convirtiéndose en un paseo de moda a pie, a caballo y e toda clase de vehículos. Era un paseo acostumbrado ir por la Cañadilla hasta el Callejón de los Olivos, que conectaba con el Camino de la Recoleta, por donde se retornaba a la ciudad.

En 1808 fue construida iglesia de Nuestra Señora del Carmen, parroquia principal de la Cañadilla, la cual fue destruida por un terremoto en 1822. El actual templo fue levantado en 1890.

Al finalizar la Colonia, La Cañadilla ha sido escenario de parte importante de la historia de la ciudad. Desde la entrada de los conquistadores españoles, en 1540, han pasado por ella viajeros y carretas cargadas de productos agricolas de las chacras destinadas a abastecer la ciudad, y se han amontonado multitudes dando el recibimiento a algún gobernador. Sin embargo, el período de mayor agitación en el antiguo Camino Real, es el de los turbulentos años finales del régimen colonial: Por la Cañadilla los patriotas abandonaron la ciudad con destino a Mendoza tras el desastre de Rancagua, en 1814. Por la misma via, en 1817, el ejército libertador retornó triunfante tras las victorias de Coimas y Chacabuco, marcando un hito glorioso en la historia de esta tradicional via de acceso a la ciudad. A ello se debe su actual nombre de Avenida Independencia, el que adquiere al iniciarse el siglo XX.

En el gobierno de Bernardo O'Higgins se creo en el sector de La Chimba el Cementerio General, que fue inaugurado en 1821, y en donde fueron enterrados la gran mayoria de los personajes claves en la construcción de la nueva República. Con la instauración de la República, sin embargo. la Chimba no modificó mayormente su singular carácter de sector separado de la ciudad, con respecto a la cual mantenía incluso un cierto sentimiento separatista. Son ilustrativos en este sentido los relatos sobre las guerras de piedras entre chimberos y santiaguinos, que utilizaban el cauce del Mapocho como campo de batalla, contando con gran número de espectadores. Es recién con Vicuña Mackenna, intendente de Santiago entre 1872 y 1875, que se concibe la pertenencia integrada del sector ultramapocho al conjunto de la ciudad tradicional.

     
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