Cuando de belleza se trataba, a la mujer la
rodeaba un halo de romanticismo y glamour
que nada tenía que ver con la vertiginosidad
que hoy le impone la vida laboral. Las páginas
ajadas y amarillentas hoy son las únicas
testigos del papel que ocupaba en la vida
social, a veces de un machismo demasiado evidente
para el siglo XXI: "...es tan fácil
para toda mujer procurarse ese aire de frescura
e higiene que realza sus encantos y atrae
al marido al hogar. Con el uso de FORMOSAPOL",
decía un anuncio en la Revista Zig-Zag
en 1936, sin que quedara claro si el jabón
que evitaría el atraso del esposo a
la cena era para fregar la cocina o para el
baño de la señora.
Portada de la Revista Zig - Zag
del 23 de octubre de 1936, Nº 1648. Revisa los
anuncios
Los nombres de
los productos variaban según su función,
creador o lugar con el que se le pretendía
asociar: Odol para la limpieza bucal; Odorono
para revertir el olor axilar; zapatos Artigas
para la dama elegante y cremas Pompeian
para igualar la belleza de la antigua mujer
romana. Algunas marcas persisten como Hinds,
Ponds, Salomé, Loreal o la tradicional
Crema Lechuga.
Eran tiempos en los que los estudios
de marketing no existían. Seguramente
hoy no es recomendable llamar a un lápiz
labial Don Juan; a unos polvos compactos
Mignon Junol o a una crema para peinar La
Florida.
Portada de
la Revista Margarita del 6
de noviembre de 1947. Nº 706.
La
osadía daba sus primeros atisbos
a través de piernas descubiertas
en algunos anuncios de cremas depilatorias
y de zapatos, o de cabellos escarmenados
en avisos de tinturas. La naturalidad
también era un objetivo cuando
se decía "¡No se pinte,
no está de moda!". Y las
estrellas y distinguidas damas, al igual
que hoy, difundían las bondades
de los productos como lo hizo doña
Mónica Concha de Velasco, quien
ostentaba "la tersura inmaculada
de su cutis".
Sin duda era una época más
ingenua y con bastante menos ambiciones
que la actual, en la que la felicidad
de la mujer se identificaba con la llegada
al altar, meta alcanzable con el sólo
toque de un aroma particular. Así
lo proclamaba el aviso de la loción
Carillon: "Un fragante sendero
hacia la dicha".