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Septiembre 2001

Raquel Barros Aldunate:
La gran dama del folclor
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Tras medio siglo dedicada al rescate y la difusión del folclor tradicional en nuestro país, Raquel Barros Aldunate no soporta el discurso de quienes se quejan de su abnegada labor y del siempre lamentable "pago de Chile". El poco reconocimiento, la falta de valoración e incluso el desprecio hacia lo propio que solemos practicar los chilenos, son para esta notable mujer, hechos que no logran opacar la satisfacción de realizar un trabajo artístico orientado, en última instancia, hacia la elevación del ser humano.

Por Rosario Mena

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Raquel Barros, baila un pie de cueca
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Clases de cueca on-line
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Zamacueca
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que ofreció la Agrupación Folclórica Raquel Barros Aldunate, el 6 de septiembre de 2001, con motivo de la gala de lanzamiento del Grupo Lo Nuestro en el M.A.C. Montaje sobre la diversión de las clases populares a mediados de la Colonia, inspirado en La Zamacueca, de Manuel Antonio Caro. Obra argumental que transcurre en una fonda en donde se reflejan modales, lenguaje, vestimentas, cantos y bailes característicos.

A los 81 años, Raquel Barros Aldunate trabaja cada día, de sol a sol, como encargada de cultura del municipio de Recoleta y directora de la Agrupación Folclórica que lleva su nombre y que es la más antigua que sobrevive en Chile hasta la fecha, creada hace ya cincuenta años. En su caso, la edad no pasa de ser un dato escrito en su carnet de identidad y la constatación de un largo tiempo en el que ha acumulado una experiencia invaluable y una sabiduría anclada en nuestra cultura popular. Hasta el momento nada le impide mantenerse en plena actividad y manejar su auto de la casa a la oficina, a los ensayos, reuniones y presentaciones, los que llenan su agenda. Su rostro chispeante es elocuente a la hora de dar cuenta de la pasión que la mueve y no se hace de rogar para bailar una buena cueca cuando la ocasión lo amerita, con la gracia y el espíritu que sólo ella le imprime.

Hija mayor de una tradicional familia de 15 hijos, con un padre juez y buen pianista y una madre innatamente artista, se crió entre canciones que hasta el día de hoy comparte a varias voces con sus hermanos. Su inmersión en el folclor, la califica de "providencial": "Se dieron las cosas, primero porque en un tiempo en que las señoras de cierta posición no bailaban cueca por ningún motivo, mi madre bailaba cueca, que había aprendido mirando en el campo, en Nancahua en el fundo de los abuelos donde iba a veranear. Después nosotros pasábamos temporadas en un fundo en Melipilla, y ahí, un amigo de mi hermano me enseñó a bailar cueca". La venida a Chile de Coros y Danzas de España fue un gran aliciente, al que siguió una beca en 1950 para estudiar en Madrid y Barcelona con los más importantes maestros de la música tradicional española. "Ahí me dí cuenta de todo lo que se podía hacer con el folclor y de lo que yo podía hacer para introducirlo en otros medios, en los que estaba totalmente postergado". Esta inquietud tomó forma rápidamente con la creación de su Agrupación en el año '52. Por entonces estaba Margot Loyola y Australia Acuña rescatando y poniendo en escena música y danzas folcóricas, pero los grupos no tenían mayor continuidad, salvo Cuncumén, que se formó en el '54 y todavía se mantiene.

Su ingreso al Instituto de Investigaciones musicales de la Universidad de Chile, donde aprendió y ejerció como docente junto a los más destacados investigadores del folclor, como Eugenio Pereira Salas, Carlos Lavín y Manuel Dannemann, alimentó y consolidó una vocación a la cual Raquel se entregó por completo, realizando una carrera de inmensa proyección. "Me casé con el folclor", declara esta mujer que jamás contrajo matrimonio. Pero sus hijos se multiplican, crecen y constituyen un legado patrimonial para el país. Son sus obras y sus lecciones que trascienden a través de los tiempos, las personas que ha formado y toda la gente que gracias a ella ha encontrado nada menos que un sentido a su vida.

"Me gusta trabajar en Recoleta, porque aquí hay mucha gente que necesita ampliar su campo cultural. Si tú trabajas con ella en forma integral y sistemática, no haciendo cursillos aislados, sino provocando cambios profundos, tú puedes elevar la calidad de vida de la gente. Aquí hay señoras que han estado en talleres literarios y han publicado libros gracias al Fosis. Eso significa que ellas se valoran más y su familia también las percibe de otra manera. Una mujer que bordaba en su casa, ahora es una artista que incluso expone en el extranjero. La gente, además, aprende a apreciar la cultura, eso responde a una política de desarrollo humano. Tú sientes que les cambia la vida". Es esta satisfacción la que la ha llevado por distintas comunas de escasos recursos a realizar este trabajo de promoción cultural. Los municipios de Lo Prado, Talagante, Pudahuel y ahora Recoleta, han tenido la fortuna de caer en manos de esta fructífera animadora, organizadora y creadora.

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