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La toma de Valdivia (continuación)

 

Almirante, capitán, teniente y mecánico

Cochrane no sólo carecía de soldados. En la O´Higgins no tenía más que dos oficiales navales, uno arrestado por insubordinación y el otro incapaz: "por esto yo tenía que hacer de almirante, de capitán y de teniente, alternando un puesto tras otro y velando continuamente la guardia ", recuerda el marino inglés. Además tendría que hacer de mecánico de bombas, como se verá más adelante.

El 25 de enero Cochrane salió de Talcahuano con la O´Higgins, y con dos barcos que se agregaron a la expedición: el bergantín Intrépido y la goleta Moctezuma. El 29 por la noche llegaron a la isla Quiriquina. No corría una brisa. El almirante estaba extenuado. Dejó a un teniente al mando y se fue a dormir, ordenándole que lo despertara en cuanto advirtiera el más leve viento. Al teniente también le dio sueño y dejó a cargo a un guardiamarina. Entonces se levantó un viento repentino, el guardiamarina, al tratar de virar el barco lo hizo chocar contra una roca que le abrió una vía y el agua comenzó a inundar la sentina.

La situación era difícil: "El primer impulso de los marineros y oficiales fue abandonar el buque - recuerda Cochrane - pero como teníamos a bordo 600 hombres y los botes sólo ofrecían capacidad para 150, el haber adoptado esa medida habría sido entablar una lucha a muerte para salvar la vida. Haciendo comprender a la gente que los que escaparan cuando más podrían arribar a la costa de Arauco, en donde sólo les esperaban torturas y muertes, pude con mucha dificultad hacerles adoptar el partido de tratar de salvar el buque".

Los carpinteros de a bordo repararon como pudieron el destrozo, pero no consiguieron impedir que siguiera abierta la vía. Se pusieron a funcionar las bombas. Las sondas indicaban que el agua no disminuía, pero tampoco aumentaba, de modo que Cochrane ordenó seguir adelante. Para peor las bombas se descompusieron. El agua fue subiendo hasta inundar el lugar donde se almacenaban la pólvora y las municiones. Esto tampoco consiguió hacer que Cochrane desistiera de la empresa: "me daba poco cuidado - escribe - pues de ello nacía la necesidad de servirse de la bayoneta en el ataque planeado, a la cual los españoles habían manifestado antes bastante aversión".

Los carpinteros no daban con el desperfecto de las bombas. "Como yo entendía algo del oficio, me quité la casaca y a eso de media noche las dejé en estado de funcionar" -anota el almirante. En sus memorias Beaucheff coincide en que Cochrane "se quitó la casaca, se arremangó la camisa y a medianoche consiguió habilitar dos bombas. El optimismo de Cochrane era a toda prueba: No quedó duda de que el buque flotaría hasta llegar a Valdivia, en donde después de tomar las fortalezas, sería fácil reparar con comodidad sus averías".

 
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