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Febrero 2009
1 / 2/
Memoria femenina
De la pachamama a la Timona

 

Por Bernardo Guerrero

La ciudad es masculina casi por definición. En el lugar público casi no hay espacio para señalar con nombre de mujer las calles, las plazas, etc. Pero no es sólo eso, la ciudad está hecha por hombres, lo mismo que la historia. En Iquique un monumento a la mujer, erguido en plena dictadura. Un monumento lleno de dudas, ya lo veremos.

Desde la vertiente religiosa popular, el cruce entre la Pachamama y la Virgen de Carmen, realizado por el movimiento obrero mestizo, forjado en las duras condiciones de vida del salitre, formó en el imaginario popular la idea de la madre, que como tal protege, ayuda y castiga. La multitudinaria peregrinación a la virgen de La Tirana cada 16 de julio, reactiva la potente relación entre madre e hijo. Esta relación se activa mediante la ejecución de los cantos:

Virgen del Carmelo
oh madre querida
guarda tu corona
y logra la(s) flor(es)


Este mundo popular, cruce además de obreros y campesinos, cada año desarrolla y despliega una enorme cantidad de recursos tanto materiales como simbólicos para acudir a esta fiesta. Lo más sobresaliente en todo caso, y eso lo demuestran las investigaciones sobre esta festividad, es la pérdida de su autonomía en la organización de la fiesta.

La memoria popular y religiosa es activa y se reproduce cada año. Hasta los 60, los bailes religiosos eran una organización fuerte y autónoma que se desarrolló en forma paralela al movimiento obrero, pero con varios vasos comunicantes. Por decirlo de otro modo, el dirigente obrero era también bailarín Piel Roja de una cofradía. La búsqueda de la salud y de trabajo, son los motivos que con más frecuencia esgrimen quienes bajo la figura de manda, hacen un contrato con la “China”.

Esta relación de virgen a peregrino, hay que verla como ya se ha dicho, bajo la forma de una vinculación entre madre e hijo. Si esto lo entendemos bajo la figura de la orfandad que funda al continente, estamos siguiendo a Montecino (1995) nos damos cuenta que el lugar que ocupa la Madre es sustancial. La madre violada y abandonada por el conquistador cuida y alimenta a su hijo. Este crece con la sombra de un padre ausente, a quien hay que querer, pero también pasarle la cuenta.
Los aymaras hablan de la Madre Tierra o Madre Universal, para referirse a la Pacha Mama, aquella figura que hace posible la vida no sólo de los animales, sino que también del mundo entero.

La Pacha Mama y la virgen del Carmen, son figuras que en el imaginario popular del Norte Grande están enraizadas. Es la madre simbólica de un pueblo que sufre. A ella se acude cada año para pedir y renovar la fe.

Mujeres y nacionalismo

El nacionalismo ha sabido muy bien inscribir sus marcas en la ciudad. Como un cuerpo tatuado ésta ha sido el pizarrón en la que la memora dominante ha impuesto sus razones.

Y como se recordará ha sido la guerra del Pacífico, el modelo a seguir. En este razonamiento nacionalista, dos mujeres son centrales para ver cómo se reproducen estilos. Una es Leonora Latorre y la otra, Filomena Valenzuela.

 
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