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¡Vamos remoliendo
mi alma! La vida
festiva popular
en Santiago de Chile
1870- 1910, Maximiliano
Salinas, Elisabet
Prudant, Tomás
Cornejo y Catalina
Saldaña.
LOM Ediciones.
Afortunadamente
los mitos de la
chilenidad se han
venido desvaneciendo.
Mitos como aquel
según el
cual somos un pueblo
apagado, grisáceo,
triste, en su versión
negativa, y sobrios,
moderados y enemigos
de los excesos,
en la positiva,
no resisten el examen
de un estudio como
éste, sobre
los desbordes báquicos
de la fiesta popular
en Santiago, en
las últimas
décadas del
siglo XIX y la primera
del XX.
¡Vamos remoliendo...!
propone una tensión
entre la elite que
pretende disciplinar
a un pueblo díscolo,
y este mundo popular
que encuentra en
la jarana un espacio
de libertad al que
se niega a renunciar.
En efecto la elite,
a través
del trabajo, el
discurso moralizante
de la Iglesia, y
a partir de 1900
del servicio militar
obligatorio se empeñó
en civilizar a este
pueblo bárbaro.
Posteriormente -y
esto no se examina
en el libro por
su propia delimitación
cronológica-,
hubo intentos de
moralización
desde el mismo pueblo,
a través
de iglesias evangélicas,
de sindicatos y
organizaciones políticas
socialistas y anarquistas
que buscaban otros
tipos de emancipación.
Así por ejemplo,
se produjo en Chile,
en las primeras
décadas del
siglo XX, toda una
literatura social
que insiste en una
representación
trágica del
mundo popular. Recién
en los años
90 del siglo XX,
con las novelas
de Hernán
Rivera Letelier,
se impuso una visión
de los trabajadores
de las salitreras,
donde lo festivo
tiene un lugar importante
y donde no todo
es sacrificio y
sufrimiento.
La
otra ciudad
Para los autores
de ¡Vamos
remoliendo...! el
pueblo mestizo santiaguino,
con aportes de diversas
etnias indígenas,
españoles
y africanos, eludió
el control elitista
e impuso sus propias
formas de vida revoltosa,
caótica.
Existió,
así, un Santiago
alegre y oculto,
que vivió
"al día"
y "sin las
previsiones ni las
provisiones de los
de arriba".
Esta ciudad fue
impresentable para
la elite. Por eso
permaneció
oculta y los investigadores
que hicieron este
libro la han sacado
a la luz de la prensa
popular de la época,
principalmente los
periódicos
de Juan Rafael Allende;
de los pliegos de
la Lira popular;
de las letras de
las cuecas y también
de la prensa seria,
como el diario El
Ferrocarril y el
católico
El Chileno. Éstos
siempre se refirieron
a la cultura popular
festiva en tono
admonitorio, denunciando
los desbordes de
la escandalosa vida
en esta ciudad de
bares, garitos,
chicherías,
burdeles y cafés
chinos.
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