|
Durante enero y febrero, en
el altiplano del norte grande de Chile, se realizan
dos festividades religiosas que provienen de la
tradición andina prehispánica: el
día del compadre y el floreo de los llamos.
La primera se realiza en la falda de los cerros
y el segundo en el corral de los animales. Uno
es en honor a los Mallkus y el otro a la Pachamama,
respectivamente. Es el llamado culto autóctono.
Este culto se articula en torno a tres divinidades
claves, sobre las cuales es posible construir
la imagen de una mesa apoyada en sus tres patas.
Una de ellas es el Mallku (espíritu de
las montañas que circundan sus pueblos);
la otra es la Pachamama (madre tierra, cuyo culto
se realiza en la zona altiplánica) y la
tercera, Amaru (la serpiente que se liga a la
economía de las aguas de los ríos
y canales en la zona agrícola). Estas tres
divinidades simbolizan lo que se denomina Acapacha
o mundo de acá.
Cada pueblo del altiplano
tiene sus cerros a los que adjudican cualidades,
tanto de protección como de castigo. Los
aymaras hablan respetuosamente del Mallkus; y
no sólo eso, también dialogan con
él. Representa la fuente de la vida, pues
por sus blancas cumbres, en épocas de deshielo,
cae el agua que lentamente va regando la vida.
El Mallku halla su mejor representación
en el cóndor, animal majestuoso y respetado.
En una fecha movible, en el mes de enero, se realiza
su culto en la falda del cerro. En el lenguaje
ritual, esta celebración se conoce con
el nombre de Día del Compadre. En orden
de importancia del culto aymara, el Mallku representa
la cumbre, no sólo geográfica, sino
también jerárquica.
Más abajo, no ya en las frías cumbres
sino en el altiplano propiamente tal, se enseñorea
con su bondad y también con su indiferencia
o castigo, según sea el caso, la Pachamama.
En enero o febrero, en el corral de los animales
se lleva a cabo la fiesta del Floreo de los Llamos.
El puma, el lagarto o el sapo son los animales
que indistintamente la simbolizan. Los motivos
principales de demanda para esta divinidad se
relacionan con la abundancia de la vida, agua,
etc. y con la fertilidad y prosperidad del ganado.
Amaru, por su parte, tiene
que ver con el agua que corre por los ríos
y vertientes que hacen posible el sueño
de que la semilla se transforme en hortalizas.
Se relaciona con la precordillera, zona apta para
la agricultura. El pez y la serpiente son los
animales que lo simbolizan y su fiesta, en el
mes de agosto, es la limpieza de los canales que
se lleva a cabo en los campos regados.
|