Cristina Errázuriz y Elena Peñafiel, Santiago c.1905. Fotografía (albúmina) de Valentín López. Colección MHN.

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Chile un largo álbum fotográfico (continuación)

Libros y revistas ilustrados con fotos

Como se ha dicho, la fotografía no sólo se aplicó al retrato. También se usó para registrar vistas de ciudades y paisajes que quedaron en álbumes y en libros. El fotógrafo y pintor Francisco Luis Rayo acompañó a Vicuña Mackenna en un viaje de exploración a Laguna Negra, donde hizo una cantidad de fotos, doce de las cuales ilustraron el libro que publicó el historiador. Otro libro del mismo Vicuña Mackenna, sobre Juan Fernández, llevó las vistas que tomó Carlos Roswell en 1872, cuando viajó a la isla junto con el autor. Por su parte R.J. Munday, tomó las fotos para el libro Un paseo a Lota, de Martín Palma, y así, las fotos o litografías y otros tipos de grabados hechos a partir de fotos se incorporaron cada vez con mayor frecuencia a los libros del siglo XIX y más tarde a las revistas. Comenzaba así a desarrollarse una cultura de lo visual, que actualmente ha alcanzado una hegemonía absoluta.

La foto fue usada también como base para la pintura. Así por ejemplo, Ernesto Chartón tomaba vistas de tipos, costumbres y fiestas populares, que después trasladaba a la tela. De esta forma la foto, en un primer momento, apoyó el realismo de la pintura. Más tarde, ya entrado el siglo XX, por el contrario, la foto, al reproducir fielmente la realidad, parece haber liberado a la pintura de esta función figurativa.

La fotografía vino también a democratizar el retrato que antes de ella era un lujo que sólo podían permitirse las familias más adineradas, las que pagaban a algún artista de renombre. Los estudios fotográficos ofrecían retratos de cuerpo entero, medio cuerpo y busto, y también de novios, matrimonios y familias, a precios cada vez más económicos. Tenían entre sus accesorios, una columna donde el retratado podía apoyarse, y cortinas, como fondo. Las poses eran casi siempre afectadas. Los que se ponían frente a la cámara lo hacían con gesto y actitud solemne, con la ilusión de que iban a eternizarse en cada copia.

                     
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