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Ni "llamado", ni "deber",
ni "vocación", ni "misión"
son palabras que usa el médico nutricionista
y Premio Nacional de Ciencias Fernando Mönckeberg
para referirse a la labor que ha llevado a cabo,
desde los años 60, en función del
desarrollo de Chile. Un trabajo que comenzó
de joven viviendo en La Legua, investigando la
desnutrición infantil y el permanente daño
físico e intelectual condicionado por la
pobreza en nuestro país. Cuatro décadas
más tarde la situación es, en este
sentido, sustantivamente mejor, gracias a los
programas sociales implementados. La modernización
de la educación y el desarrollo científico
y tecnológico son, en su opinión,
las grandes asignaturas pendientes. "Lo que
ahora me importa es cómo lograr que seamos
un país más culto y con más
investigación".
Por Rosario Mena

Como un padre preocupado del crecimiento de su
hijo, ha sido con Chile el doctor Fernando Mönckeberg,
dedicando su vida a la superación del subdesarrollo.
Su primer afán, por los años 60,
fue bajar la mortalidad infantil, luchando contra
la desnutrición y a través de la
salud primaria. Luego, lograr que más niños
asistieran y permanecieran en la escuela. Fruto
de su dedicación son el INTA (Instituto
de Nutrición y tecnología de los
Alimentos) y CONIN (Corporación para la
Nutrición Infantil), a través de
las cuales impulsó programas a nivel nacional,
como el sistema de atención primaria en
consultorios, y la leche gratis para las madres,
los jardines infantiles gratuitos y la alimentación
para los escolares. Logros obtenidos no con poco
esfuerzo, superando muchos obstáculos,
posicionando el problema en la agenda política,
moviendo hilos, consiguiendo recursos, involucrando
al gobierno y los privados, desde la independencia
y sin condicionamientos partidistas.
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Los inicios
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Una gran campaña
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El paso siguiente
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