Valparaíso, Patrimonio de la Humanidad:
La aventura que comienza
La alegría que nos provoca el saber que en
todo el mundo Valparaíso será reconocida
como una de las ciudades que, por su valor, merece
ser conservada es, más que una culminación,
un punto de partida desde el cual se abren múltiples
caminos y desafíos.
Hasta hace cincuenta años, Valparaíso
fue, durante todo un siglo la "joya del Pacífico".
El epicentro del comercio y las exportaciones, el
símbolo del cosmopolistismo, la incubadora
de los intercambios culturales, la puerta de entrada
de las vanguardias extranjeras, la cuna de la modernidad
y el refinamiento. Por ese puerto no sólo
entraron y salieron toneladas de cargamentos y divisas
para el país, por allí entraron también
los ingleses, que instalaron su estilo y sus costumbres;
los barcos alemanes que establecieron un intercambio
comercial que ha perdurado hasta la fecha; por allí
entró el Winnipeg, con su carga de españoles
arrancados de la Guerra Civil, que conformaron un
núcleo de intelectuales y artistas cuya influencia
ha sido clave en nuestra cultura. Baste con nombrar
a Roser Bru, José Balmes, o el historiador
Leopoldo Castedo, cuya Historia de Chile, constituye
uno de los más decisivos aportes a la recuperación
de nuestra memoria como nación.
Sin embargo, nada de esto fue suficiente para detener
el progresivo abandono del que ha sido víctima
la ciudad, que paralelamente a la decadencia de
su actividad portuaria, ha visto sucumbir su patrimonio
arquitectónico a niveles lamentables. La
dinámica del mercado inmobiliario, la escasa
actividad productiva en la ciudad, la carencia de
recursos y la falta de visión y experiencia
se conjugaron para provocar el desastre. Los intentos
de salvación, liderados por personalidades
de la cultura tanto a nivel local como en Santiago,
condujeron a la iniciativa del Consejo de Monumentos
Nacionales de postular al puerto como Patrimonio
de la Humanidad ante la Unesco. Empresa que, lejos
de convocar la fraterna colaboración entusiasta
entre los diversos actores, estuvo durante años,
jalonada de desacuerdos, polémicas y actos
fallidos.
"La autoridad tiene que respetar el patrimonio
que representa, pero el alcalde no lo ha hecho,
ha permitido que se derriben edificios patrimoniales.
Dejó morir el Palacio Cousiño, "la
ratonera" (declarado Monumento Histórico)
porque quería vender el terreno; recién
permitió la remodelación del Palacio
Baburizza; quiso quedarse con el Museo de Historia
Natural de Valparaíso (palacio Lyon) para
convertirlo en oficinas. Recién firmó
el comodato, pero hubo que presionarlo. Todo esto
atenta contra la postulación igual que la
recuperación del borde costero, para hacer
hoteles de turismo", decía hace poco
más de un año la ex directora de la
Dibam, Marta
Cruz Coke, que llevó la primera postulación
a París en 1997. Muchos, como ella, se mantuvieron
escépticos, argumentando la ausencia de liderazgo,
de lineamientos patrimoniales claros, de planes
de conservación, de voluntad política
del municipio.
De todos modos las cosas siguieron avanzando. Se
aplicaron las sugerencias de Unesco, se definieron
las zonas declaradas, se aunaron criterios fundamentales.
Lo cierto es que de un tiempo a esta parte, parecen
haberse concretado algunas gestiones claves, como
las que han canalizado recursos del Fondo de Desarrollo
e Innovación de Corfo, para el fomento del
turismo. Al mismo tiempo, se ha involucrado la Cancillería,
marcando la diferencia con un lobby de alto nivel
que hoy es coronado con la respuesta de Unesco,
que otorga a Valparaíso el título
de Patrimonio de la Humanidad. Su anfiteatro de
cerros único en el mundo, poblado de las
singulares casitas de colores, su valor como puerto
histórico, su rica tradición popular,
en ámbitos como la música y la gastronomía,
su importancia como centro cultural y referente
de artistas y escritores, justifican con creces
el nombramiento. Pero no son suficientes. La alegría
que nos provoca el saber que en todo el mundo Valparaíso
será conocida como una de las ciudades que,
por su valor, merece ser conservada es, más
que una culminación, un punto de partida
desde el cual se abren múltiples caminos.
Todos ellos, para ser recorridos con éxito,
deben estar bien trazados, en base a ideas y objetivos
claros. La capacidad de conectar iniciativas, gestionar
recursos y llevar a cabo proyectos; la voluntad
política del municipio y del gobierno, la
implementación de programas de conservación
y difusión de largo plazo, y la participación
comunitaria en la valoración de su patrimonio,
es lo que hoy está en juego. De ello dependerá
que esta nominación sea algo más que
un documento firmado o una efímera operación
de marketing. En definitiva, de la convicción
de todos los actores involucrados de que la vocación
del Valparaíso, que otrora fue el puerto,
hoy es, definitivamente, el turismo cultural.
Especial: Valparaíso, Patrimonio de la Humanidad