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Mayo de 2005

¿Cueca en mayo?


Por Cecilia García-Huidobro FzK

El mes de mayo ha sido instituido por UNESCO como el mes del patrimonio, a nivel mundial. En Chile, se celebra de diversas maneras, siendo la más importante la apertura de los monumentos nacionales a todo el público, por un día y de manera gratuita.


Postal de principios del siglo XX. En www.chilecollector.com.

La política editorial de www.nuestro.cl ha sido resaltar todos los aspectos intangibles que conforman la identidad chilena, ampliando el radio de reflexión mucho más allá de edificios de alto valor arquitectónico e histórico. En este contexto, surge el sólido e impresionante edificio monumental de la cueca; la chilena, en cuyo entramado se van adhiriendo las claves de lo que nos define y de las pulsiones que nos mueven.

En la expresión libertaria del canto a la rueda, de clara raigambre árabe-andaluz, se ha ido depositando una forma de ser y de pararse frente al mundo, que tiene que ver con la idiosincrasia del "roto", de quien sólo se han destacado aspectos negativos, sin mencionar su participación en la conformación de la nación, a través de guerras y revoluciones y en la construcción de la república, a través de ferrocarriles, puentes, canales y carreteras. En los arrabales, en los conventillos, en la calle, simplemente, nació este canto que es pura pasión y sentimiento y que sólo teme a la pérdida de libertad.

La cueca o chilena nos ha legado un modo de vida con sus códigos y su ética. Ella vive todo el año y es conservada por cultores, músicos y aficionados que con el simple tañido de unos platillos y el rasgueo de una guitarra se unen en una especial algarabía, aquella que surge desde el sentido de pertenencia. Para la cueca no hay edad, ni política, ni clases sociales. Ante su canto melismático, acompañado de un pandero, somos todos chilenos.

Aunque la institucionalidad la ha rodeado de emblemas patrios y la ha sanitizado, restándole fuerza y complejidad, está arraigada en todos los puntos del territorio. En ella, encontramos un sentido que corre subterráneo en su baile y en su canto, así sea una coreografía anodina o un griterío sin alma. Hay una autenticidad que subyace y que no es posible de borrar. Así se explica el creciente interés de los jóvenes por conocerla y la seriedad con que los músicos la están estudiando, comprendiendo que no basta con aprenderse un par de cuecas para estar iniciado en su arte.

A pesar de la estilización de su imaginario, representado por un huaso bien enjaezado acompañado por su china y rodeado de símbolos patrios, conserva la savia de su identidad. Es más, la globalización ha traído un insospechado interés por sus requiebros y secretos, buscando la afirmación de lo propio. Es muy difícil encontrar una manifestación más profunda de nuestra chilenidad y, por lo mismo, no obedece a decretos ni aniversarios determinados. La cueca vive todo el año dentro de todos los chilenos.

 
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