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Abril 2007
 
El influjo penquista
Por Cecilia García-Huidobro F zu K
 


Universidad de Concepción.

Lo primero que llama la atención del visitante, es que Concepción le da la espalda al río. Aquí, todos parecen compartir un secreto que resguarda esta ciudad vuelta hacia sí misma.

Hay una complicidad que se disimula en una cotidianeidad apacible, pero las miradas furtivas nos indican que, como un animal agazapado, los habitantes de Concepción están listos para cualquier eventualidad. Porque nada está ganado. Y, en cualquier momento, pueden lanzar un zarpazo que remece al territorio completo, al son de la música rock, las consignas revolucionarias, levantando industrias pioneras o generando cualquier espacio que se instala, para siempre e inexorablemente, en la vida de los chilenos.

Eso lo saben sólo quienes conocen los códigos de la verdadera supervivencia. Porque Concepción es una sobreviviente: del enfrentamiento de la Guerra de Arauco; de las muchas veces que se ha poblado y despoblado fruto de asedios y ataques; de la invasión de piratas holandeses e ingleses, de la destrucción de terremotos e incendios. Ha construido y reconstruido sus calles, cambiado sus emplazamientos. Ha asumido una condición de frontera existencial.

El contraste y la contradicción son parte del trazado vital de los penquistas. La opulencia del parque de Lota, con el espectro de su grandioso palacio demolido, violenta a quien descienda a las profundidades de la mina de carbón, donde se revive la más brutal esclavitud. En el Museo de Hualpén, donado por el coleccionista Pedro del Río Zañartu, conviven momias de Egipto, platería mapuche, vasijas chinas, muñequitas holandesas, telares turcos y armaduras niponas, recolectadas en incesantes travesias por este viajero desesperado que no logra librarse de las cadenas del terruño natal y, en ese exceso, interpreta el sentir de todos los penquistas. Hoy, el Museo Stom, en Chiguayante, recoge las mismas ansias acumulativas y los mismos anhelos superpuestos, enraizados en la tierra de origen, en un complejo personalísimo y del máximo interés.


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