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Especial día del trabajador:

La primera aparición de los trabajadores
 

Por mucho tiempo los trabajadores fueron invisibles. Recién a mediados del siglo XIX se asoman en la escena de la política nacional. Fue en la guerra civil de 1851, que puso en jaque al régimen portaliano, que por cerca de 20 años había conseguido mantener la paz civil y el progreso económico del país.

Hasta entonces, la intervención electoral había asegurado la sucesión de los candidatos del gobierno y la continuidad de la llamada República conservadora. Pero hacia fines del gobierno de Bulnes, se produjeron discrepancias internas que desplazaron de la candidatura presidencial al poderoso ministro del interior Manuel Camilo Vial, quien se pasó a las filas de la oposición.

Rebotes de la Revolución francesa

Se articuló entonces, por primera vez una oposición liberal importante. A esto se sumó el descontento popular derivado de la crisis económica europea de 1847 - 48. Como lo señala el historiador Sergio Grez: "el descenso de la actividad comercial acarreó duras consecuencias para los sectores populares, especialmente aumento de la desocupación".

Por último, el espíritu del romanticismo, y el fermento de los movimientos revolucionarios europeos del 48, calaron hondo en la juventud acomodada chilena. Vicuña Mackenna, uno de los actores importantes de ese tiempo, recordaba: "La Revolución francesa de 1848 tuvo en Chile un eco poderoso (...) La habíamos visto venir, la estudiábamos, la comprendíamos, la admirábamos: nos asimilábamos a sus hombres por la enseñanza de ellos recibida.."

Los motivos centrales del movimiento europeo del 48, eran, según Cristián Gazmuri, en buena medida los mismos que los de la Revolución francesa de 1789: " liberalismo político, nacionalismo, igualitarismo, racionalismo, imposición de la forma republicana de gobierno, libertad de prensa, laicismo ... fin de la institución de la monarquía, etc. Pero también ( al menos en el caso de algunos de los sectores revolucionarios del 48 ) la materialización de nuevas ideas y utopías que habían venido germinando durante la primera mitad del siglo XIX: socialismo utópico, catolicismo social, populismo romántico y mesiánico...".

Pierre - Luc Abramson indica la juventud acomodada de Santiago y Valparaíso, aún cuando había sido la principal beneficiaria del desarrollo económico e intelectual de la República conservadora, se sentía asfixiada por este régimen autoritario, y al mismo tiempo recibía las influencias democráticas que llegaban de Francia. Estos jóvenes liberales afrancesados comenzaron a organizar clubes opositores, como la Sociedad Democrática y el Club de la Reforma. Al mismo tiempo nacía la Sociedad Caupolicán, la primera con fines políticos fundada por artesanos y trabajadores.

Los Girondinos chilenos

En el otoño de 1848, llegaba a Santiago la Historia de los Girondinos, de Lamartine. Esta novela histórica, con aires de tragedia, fue leída con avidez por la juventud liberal chilena, que se identificó con sus héroes hasta el punto de adoptar los nombres de éstos. Así, a Santiago Arcos lo llamaban Marat; a Francisco Bilbao, Vergniuad; a Francisco Marín, Robespierre, y Eusebio Lillo, autor de la canción nacional chilena, no podía sino hacerse llamar Rouget de L´Isle, como el autor de La Marsellesa.

Bilbao, que venía regresando de París donde había participado en la jornadas revolucionarias del barrio latino, fundó junto a Santiago Arcos, a fines de marzo de 1850, la Sociedad de la Igualdad, a la que se incorporaron dirigentes de los artesanos como el sombrerero Ambrosio Larrecheda y los sastres Cecilio Cerda y Rudesindo Rojas. Más tarde ingresarían talabarteros, carpinteros, curtidores, tipógrafos y una cantidad de trabajadores de diversos oficios. Hubo incluso un cocinero antillano de raza negra, Mr. Moore, que había desertado del barco en que trabajaba, y que se dedicó a dar clases de inglés en la Sociedad.

Es en la Sociedad de la Igualdad donde comienza a gestarse, por primera vez, una alianza entre la dorada juventud liberal y los oscuros trabajadores urbanos. Por primera vez se produjo una convocatoria política en la que el pueblo no sólo fue instrumentalizado electoralmente por la élite, sino que pasó a tener participación y hasta protagonismo.

Inicialmente, la Sociedad de la Igualdad buscaba combatir al gobierno conservador y oponerse al candidato oficialista, Manuel Montt. Sin embargo - como lo indica Sergio Grez - "luego, bajo la influencia de los artesanos que participaron en su creación, y también de algunos intelectuales como Arcos y Bilbao, que sentían una sincera preocupación por la suerte del pueblo, la Sociedad de la Igualdad trató de mantenerse en un plano de acción eminentemente social, de prescindencia de la política partidaria."

De esta forma, la Sociedad se dedicó prioritariamente a labores de educación, destinadas a mejorar las condiciones de vida de las clases populares.

Hay historiadores como Encina y Edwards, que tienen otra visión de este proceso. Así por ejemplo, Alberto Edwards escribe: " La juventud liberal, empapada en la literatura romántica y en los recuerdos de la revolución de 1789, creyó que era fácil provocar en Chile un movimiento popular ultrademocrático y socialista que derribara, en su irresistible empuje, con la dominación de los pelucones y la candidatura de don Manuel Montt, los elementos de orden y progreso que organizaron la República y que en el pintoresco lenguaje de la época eran designados con los apodos de atraso, oscurantismo, reacción colonial, tiranía, espíritu oligárquico y otros que forman el vocabulario favorito de los agitadores democráticos.

"Santiago Arcos, hijo de un banquero español pero nacido en Chile, hombre de acción y de temperamento, bastante instruido en la literatura comunista de Owen y Fourier, fue el verdadero fundador de la Sociedad de la Igualdad, cuyo objeto era levantar a la clase obrera, hasta entonces indiferente en política, no sólo contra el gobierno, sino contra los fundamentos mismos del orden social existente. Lo auxilió como orador y tribuno don Francisco Bilbao, cuya elocuencia absolutamente ininteligible, que hace recordar el lenguaje incoherente de los locos, iba a alcanzar, quizás por lo mismo, mayor popularidad entre las masas que la de los más prestigiosos políticos del país."

"El amigo del pueblo"

El 1° de abril aparecía el primer órgano de prensa igualitario, El Amigo del Pueblo, - el mismo nombre del diario de Marat en París -. Denunció problemas que iban desde la falta de higiene que afectaba a los barrios populares, la carestía de productos básicos, las carencias en educación y salud, hasta la falta de protección para la industria nacional.

En su edición del 11 de abril, este periódico decía: "La clase obrera ha pasado desapercibida para los hombres públicos de Chile, y ha llegado el tiempo de que esta clase obrera adquiera conciencia de su poder. Deber es de los que mandan prevenir ese momento en que cansado el obrero de trabajar sin fruto y sin protección, reclame por la fuerza lo que no ha podido conseguir con la calma y el sufrimiento..."

La Sociedad de la Igualdad llegó a tener una importante proporción de trabajadores. Cristián Gazmuri, indica que en el proceso que se siguió contra ésta Sociedad, luego de disuelta, aparece una lista con los nombres de sus 3.400 integrantes. Unos 2.000 de éstos pueden ser artesanos, lo que equivale a un tercio del universo potencialmente político del artesanado santiaguino de entonces. Por su parte, Bernardo Subercaseaux indica que la Sociedad llegó a realizar desfiles de 1.500 socios, cuando Santiago tenía una población de 90.000 habitantes.

El artesanado criollo de la época enfrentaba dos problemas serios. El primero era la llegada al país de trabajadores europeos con una calificación mucho mayor. Pero junto a esta preparación - como lo hace notar Gazmuri - traían también las ideas políticas más avanzadas del momento, de modo que pudieron ser éstos los integrantes más activos de la Sociedad. Además se había iniciado ya la competencia de los artículos artesanales con aquellos producidos en serie con las modernas técnicas de la revolución industrial. De modo que el artesanado del país vivía su crepúsculo y pasaba por un momento de transición hacia un incipiente proletariado obrero y minero.


La guerra civil

El 7 de noviembre, luego de que estalló un motín en San Felipe, el gobierno decretó el Estado de Sitio. Dos días más tarde las sociedades de la igualdad santiaguina y sanfelipeña eran clausuradas y se prohibían todas las de su misma clase. El 20 de abril de 1851 se produjo el levantamiento en la capital, con participación de soldados del regimiento Valdivia, encabezados por el coronel Urriola, que murió en esta acción, y grupos de trabajadores y miembros de la Sociedad de la Igualdad. Según el testimonio del subteniente José Antonio Gutiérrez, los soldados insurrectos fueron rodeados por una multitud que pedía armas para sumarse a la rebelión.

Finalmente el motín fue sofocado. Alberto Blest Gana, en su célebre novela Martín Rivas, dejó un vívido relato de esa jornada, en la que el mismo Martín, un pobre estudiante provinciano, lucha por el bando de los igualitarios y pierde a su mejor amigo, Rafael San Luis.

Los ánimos se habían caldeado con las elecciones presidenciales del 25 y 26 de julio de 1851, en las que, como se suponía, ganó fácilmente Manuel Montt. El candidato opositor derrotado, era el general José María de la Cruz, quien no aceptó este resultado electoral.

En varias ciudades de provincia se habían fundado sociedades igualitarias. La de La Serena, además de organizar una escuela para artesanos, formó un fondo para socorrer a los enfermos, convirtiéndose en precursora de las sociedades mutualistas.

Gran parte de los soldados del batallón Yungay, enviado por el gobierno a sofocar el levantamiento serenense, se pasaron a las filas de la oposición. Éstas fueron engrosadas con artesanos y mineros, y sólo sucumbieron ante la fuerzas gobiernistas después de dos meses de encarnizados combates. La insurrección de La Serena adoptó el lema de la Revolución francesas: "Libertad, Igualdad y Fraternidad", y tuvo su propio himno, La Coquimbana, a imitación de La Marsellesa.

El alzamiento de los sastres

Los movimientos a favor del general Cruz, cundieron por otras ciudades, especialmente Copiapó y Concepción. En esta última ciudad se plegaron a la oposición desde los grandes propietarios agrícolas, hasta los pueblos indígenas, los artesanos y obreros.

En Valparaíso se produjo una curiosa revolución de los sastres. Cerca de doscientos artesanos, principalmente de aquel oficio, se reunieron comandados por el cura español José María Pascual, para emprender acciones contra el gobierno. Aun cuando el intendente Manuel Blanco Encalada hizo detener preventivamente a todos los sastres del puerto, no pudo impedir que un grupo de cerca de veinte de ellos se apoderara de un cuartel y de las armas que en éste se guardaban.

Ante la alarmante participación del pueblo en la guerra civil de 1851, el gobierno reparó en la importancia que había cobrado este nuevo actor político, e invitó a representantes de todos los gremios de artesanos a reunirse con el intendente de Santiago para promover "el adelantamiento de la industria".

El nacimiento del mutualismo

Como lo hace notar el historiador Sergio Grez, la guerra civil de 1851 y los sucesos previos a ella marcaron un cambio sustancial en la participación política de los trabajadores, especialmente urbanos. Con la creación de sociedades igualitarias, a las que concurrió gran número de trabajadores, en varias ciudades del país, por primera vez se constituyeron organizaciones que pretendían trascender la coyuntura electoral y perdurar en el tiempo.

Finalmente se dieron los primeros pasos para la creación de un nuevo tipo de entidad gremial: las sociedades mutualistas. El primer intento fue la Sociedad de Artesanos, de Valparaíso, en julio de 1850, a la que siguió la Sociedad de Carpinteros de rivera y calafates. Para evitar divisiones, la totalidad de estos organismos de socorros mutuos, destinados a dar cierta seguridad a los trabajadores asociados y a sus familiares, dictaminaron la total prescindencia de asuntos políticos y religiosos.

El 18 de septiembre de 1853 se fundó la primera gran organización mutualista chilena, la Sociedad Tipográfica de Santiago que reunió a obreros del gremio y algunos dueños de imprentas. Su propósito fue el de reunir un fondo de previsión y dar educación gratuita a sus asociados. Dos años más tarde, los tipógrafos porteños seguían el ejemplo de sus colegas de la capital, fundando su propia mutual. Ésta estableció relaciones con sociedades similares de Lima y Buenos Aires, extendiendo la idea de fraternidad obrera hacia el ámbito internacional.

Uno de los prohombres del mutualismo chileno fue don Fermín Vivaceta, de origen muy humilde, que logró convertirse en un brillante arquitecto, gracias a las posibilidades de acceso a la enseñanza universitaria.

En estas sociedades mutuales se comenzó a generar toda una cultura y una identidad de la clase trabajadora, que se consolidó y creció a lo largo del siglo XIX, prolongándose casi hasta fines del XX.

 
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