En los pesebres elaborados por las artesanoas chilenas es posible reconcer elementos de las fiestas populares de antaño durante la navidad.

 
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Diciembre 2003

Pascuas a la chilena (continuación)
 
Por Darío Oses

Los aromas del campo

Siendo niño el novelista Luis Orrego Luco se perdió en la Alameda, en medio de la multitud que celebraba la Navidad. Quedó tan impresionado, que mucho más tarde inició su novela Casa Grande, con un gran festejo de Pascua en el Santiago de los primeros años del siglo XX: "Corrían los coches haciendo saltar las piedras. Los tranvías, completamente llenos, con gente de pie sobre las plataformas, parecían anillos luminosos de colosal serpiente, asomada a la calle Estado. De todas las arterias de la ciudad afluían ríos de gente hacia la grande Avenida de las Delicias, cuyos árboles elevaban sus copas sobre el paseo en el cual destacaban sus manchas blancas los mármoles de las estatuas. Y como en Chile coincide la Nochebuena con la primavera que concluye y el verano que comienza, se deslizaban bocanadas de aire tibio bajo el dosel de verdura exuberante de los árboles".

Una banda interpreta Tanhauser, y luego música de can - can. La Alameda está convertida en una feria de flores y frutas, de ollitas de las monjas y juguetes: "Cada tenducho, adornado con banderolas, gallardetes, faroles chinescos, linternas, flecos de papeles de colores, ramas de árboles, manojos de albahaca, flores, tiene su sello especial de alegría campestre, de improvisación rústica, como si la ciudad de repente se transformara en campo con los varios olores silvestres de las civilizaciones primitivas, en medio de las cuales se destacara súbita la nota elegante y la silueta esbelta de una dama de gran tono, confundida con estudiantillos, niñeras, sirvientes, hombres del pueblo, modestos empleados, en el regocijo universal de la Nochebuena".

La fiesta de todos

La más completa descripción de las navidades santiaguinas del pasado se encuentra en la excelente novela costumbrista Lances de Noche Buena, de Moisés Vargas. Publicada en 1865, la acción ocurre íntegramente en la noche de Pascua de 1858, y hace un paseo por diversas escenas que comprenden la Alameda con sus puestos de venta de dulces, flores y frutas; la fonda Unión y Fraternidad; el salón de las Mandujano, donde se bailan Lanceros e Imperiales; la cena en el Hotel Francia; la fiesta en el Teatro Municipal; la misa del Gallo en la Catedral, y la remolienda popular en casa de la familia Membrillares.

Se despliega, así, una visión panorámica de la Pascua en Santiago, celebrada por personajes del pueblo, por otros del medio pelo, o aristocráticos y afrancesados. Se describen desde las misas folclóricas, las Pascua con villancicos arpas y guitarras y el paso de las tres vueltas buscando al Niño Dios, hasta las fiestas de disfraces de los salones elegantes, y la del teatro Municipal, donde se terminan bailando zamacuecas al más puro estilo popular.

Así, algo de la alegría popular y del carácter criollo de esas navidades de otros siglos ha quedado en las páginas de las novelas y los libros de memorias.

 
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