En los pesebres elaborados por las artesanoas chilenas es posible reconcer elementos de las fiestas populares de antaño durante la navidad.

 
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Diciembre 2003

Pascuas a la chilena
 
Por Darío Oses

En este diciembre otra vez dirán que el viejo pascuero es el invento publicitario de una gaseosa, que el pino pascual es europeo, que la motas de algodón son un remedo de la nieve, etc. Para no reiterar las protestas contra la globalización de la Navidad, por qué no recordar el tiempo en que la Pascua era tan criolla, que se celebraba con fondas y cuecas, igual que las fiestas patrias.

Al evocar las navidades de su infancia, a fines del siglo XIX, el cronista Eduardo Balmaceda Valdés, decía que todo era tan chilenísimo y original, que en sus muchas andanzas por el mundo nunca vio nada parecido.

Loza perfumada y manteles voladores

"La Alameda se llenaba por esos días, desde la calle Bascuñán Guerrero hasta la de Estado, de fondas que se engalanaban con rondas de papel picado, gallardetes con los colores nacionales y farolas chinescas", recuerda Balmaceda. En estas fondas había mesitas con manteles de papel que a veces, con la brisa vespertina, se desprendían como volantines y "quedaban atrapados entre las piernas o brazos de las estatuas de nuestros héroes o en las patas de sus caballos", agrega el cronista.

En los puestos se ofrecía la loza perfumada, la alfarería de "Las Monjas" o "de Talagante". Decían que estas piezas -hoy inencontrables- eran fabricadas por unas brujas que las bañaban en una infusión, gracias a la cual, por la noche, exhalaban perfumes de Arabia.

En la calle el bordonear de las guitarras, se alternaba con las estridencias de algún gramófono a cuerda, que por su bocina de caucho reproducía los viejos discos de tenores italianos y el vals Sobre las olas.

"Rarísima era la casa en que se armaba un árbol de pascua -recuerda Balmaceda-; en general los veíamos en residencias de familias extranjeras… Los niños chilenos sólo poníamos los zapatos al pie de nuestras camas… El actual intercambio de chucherías a veces de tremenda insignificancia, hoy tan común entre los grandes, no existía en los tiempos de nuestra niñez…".

 
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