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Pedro de Valdivia, en una
carta que dirige a Hernando Pizarro, refiriéndose
al valle del Mapocho, dice que éste se
encuentra "doce leguas más delante
de Canconicagua, que el adelantado Almagro llamó
el valle de Chille." Así, al parecer,
fue este valle el que recibió el nombre
de "de Chille" de algún cacique
que tenía dominio sobre el mismo. Posteriormente
esta denominación se habría extendido
a todo el territorio, recuperando el valle su
nombre primitivo de Aconcagua. Ya en tiempos de
las guerras civiles del Perú, y después
de la muerte de Pizarro, a los partidarios de
su rival, Diego de Almagro, se los conocía
por el nombre temible de "los de Chile".
¿Quién habrá
sido ese desconocido cacique que le dio su nombre
a nuestro país?
La potente ceache
Es sabido que los españoles
intentaron trasladar los nombres de la Península
a América: Nueva Granada, Nueva León,
Nueva España. Valdivia se empeñó
en imponerle a Chile el nombre de Nueva Extremadura.
Pero es un hecho que las denominaciones oficiales
no prosperan ni ayer ni hoy: la avenida Bernardo
O´Higgins sigue siendo, porfiadamente la
Alameda; la José Pedro Alessandri, insiste
en llamarse Macul, y el aeropuerto Comodoro Arturo
Merino Benítez no ha dejado de ser Pudahuel.
Y Chile siguió llamándose Chile.
La Ch inicial de nuestro nombre
patrio tiene un tremendo poder. Ha creado la tendencia
nacional a ceachearlo todo: la chicha, el cacho,
el chancho (en otras partes cerdo o puerco), el
chacolí. Para qué hablar de los
apodos: el Checho, el Choche, la Chechi, el Lucho,
el Juancho, el Chelo, la Charo, la Chela, el Cucho,
el Moncho, el Pancho, el Carloncho, etc, etc.
Si el nombre del Perú
se asociaba en el mundo con el oro, la plata y
la riqueza fácil - hasta hace poco se usaba
la expresión "vale un Perú"
-, el de Chile en cambio fue sinónimo de
precariedad, trabajo y sacrificio. Por algo era
frontera de guerra y le costó a España
"la flor de sus Guzmanes".
Luego del bautizo del país
vino su identificación. Los cronistas -
Góngora de Marmolejo, Mariño de
Lobera, Gerónimo de Vivar, Alonso Ovalle
y otros - le dieron consistencia a Chile al describirlo
como una unidad. Destacaron sus singularidades
más evidentes, como su extraña forma
alargada, su imponente cordillera volcánica
y su terreno movedizo. Lo llamaron "Flandes
Indiano", porque los españoles encontraron
aquí la resistencia mapuche que les recordaba
a la de los Países Bajos. Lo definieron
con metáforas militares: "plaza de
armas en que han sucedido cosas dignas de memoria"
( Diego Rosales), "vaina de espada, angosta
y larga", (Góngora Marmolejo).
Gabriela Mistral prefirió describirlo en
función de su dilatado litoral: "Han
dado a Chile los comentaristas la forma de un
sable - escribió -
La metáfora
sirvió para los tiempos heroicos
Mejor sería darle la forma de un remo,
ancho hacia Antofagasta, aguzado hacia el sur.
Buenos navegantes somos en país dotado
de inmensa costa".
Así, caciques, guerreros,
cronistas y poetas, le dieron un nombre y una
identidad a Chile.
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