Alejandro Cohen interpretó en los '80 la serie Martín Rivas, inspirada en la novela de mismo nombre. Foto:TVN.cl

 
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Julio 2002

Mitos modernos
Por Darío Oses

Toda nación tiene sus mitos fundadores. Los de Chile están en la epopeya de la conquista de una tierra abrupta, movediza, aislada, pobretona y para peor poblada de indios belicosos. Por estos lados no brillaba el oro del rescate de Atahualpa, ni la "plata fácil" de los grandes yacimientos de México y el Perú.

Chile era un territorio salvaje. Para llegar hasta el feraz valle central había que pasar la prueba de atravesar el desierto más seco del mundo. Al sur estaban los mapuches que frenaron al imperio inca y luego al español. Chile se convirtió en frontera de guerra. La Araucana, el poema épico de Alonso de Ercilla construyó el mito de la nacionalidad chilena que se fragua en el choque de dos pueblos belicosos. Francisco Antonio Encina y Nicolás Palacios intentaron darle un soporte científico a ese mito. Según ellos, la guerra de Arauco habría operado como una colador genético. Los europeos que venían a Chile eran los más aguerridos, viriles, esforzados y dispuestos al sacrificio. Los otros, los flojos, los cómodos, los burócratas, ganapanes e intrigantes de palacio, se quedaban en el Virreinato de Lima.

Este mito ha construido buena parte de nuestra identidad. El chileno se siente un porfiado sobreviviente, que soporta estoicamente los la adversidad, y levanta cabeza una y otra vez, luego de los desastres naturales: inundaciones, terremotos, incendios, epidemias, etc., y de las catástrofes sociales, como las recesiones económicas.

El ceniciento chileno

El gran mito de la era republicana está en la novela Martín Rivas, de Alberto Blest Gana. Martín, un provinciano pobre, éticamente puro, inteligente y capaz, llega a Santiago a estudiar leyes. Participa en la revuelta de la Sociedad de la Igualdad contra el gobierno conservador. Luego de ese acto propio del romanticismo del siglo XIX, su idealismo cede paso a la "cordura". Se casa con Leonor, la hija del magnate Dámaso Encina, y se dedica a administrar los negocios de su suegro.

Alberto Blest Gana autor de Martín Rivas. Esta transformación en la vida del personaje, refleja la transición de la sociedad chilena, que luego de un período de ensayos políticos, que algunos llaman de anarquía, llega a la consolidación del régimen portaliano, que es el imperio de la cordura, la moderación, el realismo político y el conservadurismo, con la consiguiente desconfianza contra cualquier proyecto romántico o utópico. Pero además, Martín Rivas representa el paradigma del hombre que desde un origen humilde, s encumbra socialmente gracias a su talento y a la educación pública, que fue el gran vehículo de movilidad social durante los siglos XIX y XX, y que formó a la clase media que alcanzaría una gravitación política decisiva desde 1920 en adelante.Martín Rivas es una especie de Ceniciento masculino. Los chilenos tienden a admirar y a reconocerse en estos jóvenes humildes que triunfan o suben de pelo. Ahora último el deporte, especialmente el fútbol, se ha convertido en el vehículo más visible de ascenso social.

Pero además, en Martín Rivas, la sociedad chilena parece reconocer la necesidad de cierto balance entre idealismo y cordura, entre conservadurismo y liberalismo, entre moderación y aventura, entre autoridad y libertad.

 
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