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Noviembre 2005

Genes Matta Echaurren
 

Los hermanos Matta Echaurren no parecían pertenecer a la alta sociedad de la que surgieron. Roberto, pintor; Mario, decorador y mueblista; Sergio, bailarín de ballet y diseñador de modas... Pero ellos lo tenían muy claro, sus vocaciones venían del abuelo materno, Víctor Echaurren.

Por Miguel Laborde


El propio Roberto reconocía no haber tenido educación artística de joven, algo imposible en el Chile de entonces, sino la "influencia estética" de ese abuelo en cuya casa había nacido y crecido, don Víctor Echaurren Valero (1862 - 1931), quien, a diferencia de su padre, lo estimuló e incluso apoyó económicamente.

Todo Santiago conocía al señor Echaurren, abogado, diputado liberal democrático, cultísimo, viajero de rincones de Europa de donde traía, con ojo certero, verdaderos valores del arte europeo. En 1885 inauguró su mansión de Calle Dieciocho, en un Santiago oscuro y provinciano, con la residencia entera iluminada por el milagro de la electricidad. Fue "El Baile de los Presidentes" y por años se habló de esa fiesta en que estaban Eulogia Echaurren García Huidobro, viuda de Errázuriz Zañartu, el ex presidente; el mandatario del momento, Domingo Santa María, y los futuros presidentes Balmaceda, Errázuriz Echaurren, Riesco y Figueroa. Pesaba la familia Echaurren...

Ahí reuniría el abuelo sus colecciones de arte y muebles europeos, tal vez el mejor patrimonio artístico de la ciudad en ese entonces. No pasaron muchos años, sólo seis, cuando se desató la Guerra Civil de 1891 con su violenta secuela de muertes. Tragedia que opaca el saqueo y la destrucción de muchas de las mejores casas de la ciudad, esos días en que muchos santiaguinos salieron a la calle a destruir pianos alemanes, gobelinos flamencos, cuadros y esculturas, lámparas italianas y biombos chinos, los valores importados, especialmente, por los millonarios mineros del siglo XIX. Por supuesto, la mansión de Echaurren fue una de las asaltadas y la población de Santiago vio subir las llamas y el humo cuando fue incendiada. Pobre Echaurren, que había anunciado que donaría sus colecciones "al museo de mi patria". Partió al exilio.

A su regreso, en otra casa, reiniciaría sus colecciones, en cantidad suficiente como para que sus nietos Matta Echaurren quedaran deslumbrados de por vida. Por desgracia, tendría que comenzar a venderlas. Algunas están hoy en el Museo de Bellas Artes y, al ojo atento del director de El Prado, de visita en Chile hace unos años, no escaparía su excepcional calidad: obras de Juan Borgoña del siglo XVI, finísimas tallas flamencas, policromados del románico catalán...

Cuando murió el abuelo, en 1931, los nietos inauguraron la empresa Muebles Matta en la comuna de Providencia. Además de fabricar, siguiendo sus pasos compraban muebles y obras de arte europeos y los vendían, ofreciéndose de paso como decoradores a quienes adquirían sus creaciones. Incluso, con el dominio obtenido gracias al abuelo, copiaban muebles europeos de estilo. Nemesio Antúnez, que trabajó ahí, diría que se inició en el arte pintando pétalos en un mueble rococó... Con el tiempo se quedó Mario como mueblista y decorador y Roberto y Sergio partieron a la Europa amada por el abuelo, el primero a pintar y el segundo, luego de bailar un tiempo en el ballet del Marqués de Cuevas, a diseñar modas de alta costura.

 
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