Comedor del Hotel Continental de Temuco.
 
Pasillo del Hotel Continental de Temuco.
 
Otras Columnas
El aporte de la colonia irlandesa a la ciudad de Osorno.

Chile una larga escuela. Historia de la educación.

Nuestra guerra con los Estados Unidos.
Ver más Artículos
 
Te Recomendamos
- Hotel Contiental de Temuco, fundado en 1890.
- En la crónica de Enrique Roberstone, "Rojas Giménez, a las trece cuarenta", se puede leer una descripción detallada del desaparecido Bar Trocadero en Temuco.
 
Comunidad Activa
Sugerir Temas
Sugerir Artículos y Links
Publicar en Agenda
Chile Crónico
Inicio/Opinión/Chile crónico...
 
Mi abuelo, el hotelero (continuación)
 

Este, a diferencia del bisabuelo Duronea, era hombre de manos inquietas, tenía que estar haciendo algo. Se vino en el barco con un baúl de herramientas, algunas piezas de maderas finas, y apenas llegado comenzó a poblar el hotel con elementos que, algunos, todavía están ahí: percheros, paragüeros, espejos enmarcados, veladores... El Continental, de 40 habitaciones, fue famoso por su comedor estilo francés, lámparas de bronce, sillas de Viena, la oferta de civet de liebre, el Consomé Alianza para reponerse, las angulas al pil pil, los calamares en su tinta... Todo está tal cual, muebles y menú, ahora en el año 2005.

El enredo familiar continúa; se vino un cuñado de mi abuelo Duronea, Eugenio de Cambiaire, casado con Jeanne Duronea; y pusieron otro hotel, también célebre: el Hotel de France de Temuco. Estos tíos, con muy buen ojo, ganaron la concesión de los coches comedor de Ferrocarriles del Estado. Importaron vajillas resistentes, vinos y champañas de Francia, y así la fama de la gastronomía francesa anduvo en Chile sobre rieles.

También se vino el tío abuelo Juan Ansuarena Iribarren que se compró el Restorán Bar Trocadero. Cuentan las crónicas, de Enrique Robertson, de Pablo de Alón, que ahí llegaban Neruda, Juvencio Valle, Julio Barrenechea, Alberto Rojas Giménez. Dormían y almorzaban en los hoteles, trasnochaban en sus bares o en el Trocadero, vivían una bohemia bien comida y bien regada. Neruda, Aguirre Cerda, Allende, entre muchos otros, aparecen en el libro registro de firmas del Hotel Continental.

Los Duronea y los Ansuarena eran deportistas. A pesar de los trasnoches partían al amanecer al Hotel Fourcade, de otro compatriota, a jugar pelota vasca. Mi abuelo, incluso, saltó garrocha con la camiseta chilena en campeonatos internacionales. Pero el líder fue el tío abuelo Juan Ansuarena, el sociable y bohemio dueño del Bar Trocadero, que vivía con el pito de árbitro de básquetbol al cuello. Entrenó a mi tía Ginette Ansuarena y a otras jóvenes de Temuco que, en esos años, ganaron el Campeonato Sudamericano. Eran buenasmozas, como Ismenia Pauchard lamentablemente asesinada hace dos años cerca de Temuco, y la prensa las hizo famosas.

Mi abuelo era hombre de palabra. Al cumplirse los diez años, en 1930, partió a Francia con la familia; pero mi madre alcanzó a nacer ahí, en ese Hotel Continental que siempre visito camino al sur, ese hotel del siglo XIX, de 1890, de los años fundacionales de Temuco. Por suerte volvieron los Duronea; yo no les estaría escribiendo sin ese regreso.

El Continental quedó hasta hoy en manos de otra familia vasco francesa, los Alzuget. Y mejor no les cuento del Hotel Central de mi tío abuelo Beñat Laborde en Villarrica, pionero de esa zona turística en 1935; para no aumentar el enredo familiar.

     
|
2 >
subir
     
Prohibida la reproducción de imágenes y textos sin previa autorización escrita.
  ¿Tu Favorito?
Escríbenos
Mapa
Créditos
Un Sitio
Patrocina
Ganador del