Hace 100 años un poducto con nombre extranjero -como las pastillas para adelgazar "Thiroidine bouty"-, vendía más que uno con nombre chileno.
 
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El lado B de los inmigrantes (continuación)
 

Ya en el siglo XX, el diario El Chileno, 12 de agosto de 1906, denunciaba a los inmigrantes "que pertenecen a la hez y basuras de las grandes ciudades europeas, una masa degradada y abyecta, existiendo catilinarias, mendigos y presidiarios contratados en las puertas de las cárceles". Aunque suene exagerado, no le falta razón. En los días del Centenario, en una ciudad de Santiago todavía pequeña, eran cerca de 50 las prostitutas europeas y varios los europeos que regentaban prostíbulos, especialmente polacos.

Uno lee los trabajos de Harris y no puede dejar de preguntarse porqué no se ha exhibido este lado B de la inmigración: ¿No será otra forma de arribismo cultural? ¿Otra máscara para construir el Chile que deseamos, similar en su perfil a los centros de poder?

Es otra forma de "ningunearse". Se rinde un sumiso homenaje, excesivo, al aporte del inmigrante europeo, y de paso se borra el aporte técnico industrial de los jesuitas y gobernantes ilustrados del siglo XVIII, así como los de la sociedad chilena que regó el Valle Central con nuevas tecnologías y creó una industria vitivinícola notable. ¿Y el obrero chileno? ¿Cuál habría sido el destino de los inmigrantes del lado A, los exitosos, sin ese campesino inteligente que se adaptó al cambio, lo que no supieron hacer los de otros países de la región?

Nos hace daño la visión distorsionada. Tanto como el Balance Patriótico de Vicente Huidobro, texto de 1925 donde escribiera que éste es "un país que ha tenido por toda industria el aceite de Santa Filomena y los dulces de la Antonia Tapia". Una frase de café entre amigos, para hacer gozar al chileno escéptico que tanto abunda, pero que refleja toda la ignorancia e indiferencia de tanto artista e intelectual chileno hacia el mundo industrial y técnico.

Por lo mismo, por esa adoración europea y "ninguneo" de lo propio, todavía en 1915 muchos industriales chilenos engañaban al público poniendo etiquetas con nombres ingleses, franceses, como si los productos fueran importados. Con el "Hecho en Chile" no les compraba nadie...

     
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