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El lado B de los inmigrantes
 

Por Miguel Laborde

El historiador Gilberto Harris Bucher le ha declarado una guerra académica a todos los colegas que, sin querer queriendo, presentan un panorama en que los chilenos éramos todos agricultores y campesinos, avanzando al paso de los bueyes y las carretas en una nube de polvo, hasta que finalmente llegaron los europeos, poco antes del 1900. Para industrializarnos, modernizarnos y, en el fondo, civilizarnos. Todavía estaríamos gozando de ese maná que nos cayó del cielo.

Harris es licenciado y magister en Historia, tiene estudios de doctorado, imparte la docencia en varias universidades y es autor de cinco libros sobre el tema, entre ellos "Emigración y Políticas Gubernamentales de Chile durante el siglo XIX", obra que mereció el prestigiado Premio Miguel Cruchaga Tocornal que otorga la Academia Chilena de la Historia. Muy respetable curriculum...

Frente a los estudios centrados en los industriales europeos exitosos, que los hubo y fueron muy relevantes - aunque tampoco hay que olvidar aquí el gran aporte árabe al rubro textil-, Harris, con cifras en mano, demuestra que fueron una minoría que no llega al 10%.

Por el contrario, una inmensa mayoría, y sus fuentes son numerosas, fueron desertores de naves de paso, campesinos cesantes de una Europa que se industrializaba o simples aventureros sin formación técnica. De ahí que el propio gobierno se preocupara de esa gente sin oficio, vagabundos al fin, que podían ser eventualmente peligrosos.

Efectivamente, los 75 deudores del comerciante porteño Juan Alonso en 1845 eran casi todos franceses, alemanes y británicos que se desempeñaban de marineros, panaderos o fonderos y vivían en apretadas condiciones; en Copiapó muchos eran dulceros, huerteros, horneros, capataces y peones... Es pintoresco que los populares puesteros que vendían pescado frito en Valparaíso, o aves y carnes en La Recova o en torno a La Matriz, fueran inmigrantes: Miller, Crovetto, Solari, Leyton...

Muchos ni siquiera lograban ocupación y permanecían, por ejemplo, más de 1000 italianos en las hospederías de acogida donde al menos se aseguraban techo y comida. Otros partieron al oro de California, al norte chileno como simples barreteros y apires, o simplemente vivían de la mendicidad. Es así como el hospital de caridad de Valparaíso atendió a 709 extranjeros el año 1870, partiendo por 181 ingleses. También se preocuparon las autoridades de la capital cuando se trasladaron a Santiago, donde "limosneaban y lavaban sus harapos en lugares públicos a vista y paciencia de todos", según reclama la prensa de la época. Por otra parte, en el gobierno de Pérez Mascayano el número de reos extranjeros superó el millar.

     
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