Durante su estadía en Iquique, la escritora Teresa Wilms Montt vivió en el Hotel Fenix.
 
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Enero 2005

Hoteles iquiqueños

Alojamientos de la nostalgia nortina
 

Por Bernardo Guerrero Jiménez

La agitada y moderna vida de Iquique a comienzos del siglo XX, se expresó en una inmensa cantidad de establecimientos comerciales. Uno de ellos fueron los hoteles. Ubicados en su mayoría cerca del puerto, que era el acceso más utlizado por la gente que podía pagar este tipo de alojamiento, se repartían entre Aníbal Pinto, Baquedano y Thompson, entre otras avenidas con nombres desperuanizados.



Los pobres llegaban en trenes y si lo hacían por el puerto se iban a casas de parientes o bien a pensiones ubicadas en los márgenes de la ciudad. Sobre éstos no hay registros.

La así llamada clase alta de la sociedad llegaba a hoteles. Uno de esos fue el Hotel Fénix. Ubicado en la primera de las calles ya nombrada, y a una cuadra de la Plaza Prat y del puerto. Era de dos pisos y de madera. Exactamente de pino oregón. Entre sus más conspicuos pasajeros -dice el rumor popular- destacan la escritora Teresa Wilms Montt y el poeta Víctor Domingo Silva.

Entre 1912 y 1915 esta mujer excepcional vivió en Iquique. En su diario de vida publicado por Ruth González-Vergara, "Teresa Wilms Montt. Libro del Camino" (1994), se refiere a su agitada vida en el puerto de Iquique. Lo dice con estas palabras: "Podré decir que ha sido el tiempo en que he gozado de mayor libertad". Con respecto al hotel dijo: "Vivíamos en un hotel de mala muerte, pero era el mejor del puerto, rodeado de todo tipo de hombres extranjeros y chilenos, comerciantes, médicos, periodistas, literatos, etc... La noche era para charlar, el día para dormir, la tarde para escribir". Pero fue también un tiempo de grandes sufrimientos. Al lado de esta dama de sociedad, vivía el poeta Víctor Domingo Silva. Teresa dice: "Yo conocía las miserias de su vida; el también conocía las mías. Eramos vecinos: el tabique muy delgado, faltaba poco para que fuese transparente". Hay que recordar que Iquique, según la acertada expresión de Patricio Advis, "es un puerto de madera". El poeta escribía versos que después la Wilms Montt recitaba en la noche iquiqueña, moderna y descarada. Su primo le dirá que la vida que ha llevado no corresponde a su rango. Pero ella le contesta: "Tal vez, pero allí aprendí a vivir la verdadera vida".

Viejas fotografías y facturas comerciales dan cuenta de la existencia de una decena de hoteles que se promocionaban en agendas que año a año, se editaban en la ciudad. Así, por ejemplo: El Gran Hotel España, ubicado en Tarapacá 461 y 469, cuyo teléfono era el 188 y su Casilla la 454, se definía como "El más central y mejor de la ciudad". Los días jueves y domingo ofrecía orquesta, además de baños fríos y calientes. Su dueño era T. Iriondo. Otros hoteles que ofrecían sus servicios eran: Pretty Fort, Hotel Ferrocarril, New York Hotel y el Hotel Royal. Los otros, los menos top, los que no se anunciaban en agendas, habrán quedado en la memoria oral de sus huéspedes.

 
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