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La familia Parra

La aristocracia de la tierra
 
Por Marisol García

"Entre las muchas características que sorprenden en la relación entre los hermanos Parra, está el modo leal en el que uno a otro fueron apoyando sus evidentes talentos creativos", señala la periodista miembro del equipo fundador del portal www.músicapopular.cl y colaboradora de Nuestro.cl.

Puede uno seguir la historia de los Parra tan sólo a través de las décimas que, por aquí y allá, han ido escribiendo ellos mismos, o por los versos de las canciones de Ángel, Isabel, Roberto o Violeta. Esta última, la más famosa del clan, era una mujer más bien discreta sobre asuntos familiares, y es poco lo que alguna vez llegó a decir en público sobre sus hermanos o hijos. Pese a ello, su libro Décimas (publicado de manera póstuma, en 1970) está repleto de referencias a sus padres, Clarisa y Nicanor, y a los recuerdos de infancia junto a sus ocho hermanos, en la sureña localidad de Lautaro.

Gran parte de la complicidad entre los hermanos Parra Sandoval se explica por la situación de extrema pobreza en la que crecieron. Violeta, Hilda, Roberto y Eduardo, por ejemplo, acostumbraban desde muy chicos a recorrer las calles de su pueblo para conseguir algunas monedas a través del canto y la guitarra (los dos últimos se entretuvieron de modo especial una vez que descubrieron que podían trabajar para los circos de paso). Su padre murió en 1929, y desde entonces se convirtieron en parciales sostenedores de Clarisa, una sencilla campesina.

"No había para ropa ni zapatos, menos para un juguete. Para las fiestas de Navidad, la madre los acostaba más temprano para que no supieran del festejo, y muchas veces hasta la comida escaseaba", cuenta Fernando Sáez en la biografía de Violeta Parra, La vida intranquila (1999, Sudamericana). El mismo Roberto lo confirmó alguna vez: "Fue muy perra la infancia de nosotros, poca alegría".

Podría uno decir que éste fue un período de doloroso sacrificio para Violeta. Pero también es verdad que la folclorista encontró en el canto callejero una estupenda excusa para ahorrarse las clases ("mejor ni hablar de la escuela / la odié con todas mis ganas [...] / Y empiezo a amar la guitarra / y donde siento una farra, / allí aprendo una canción", cuenta en sus décimas). Invitada por su hermano Nicanor, Violeta llegó a Santiago a los 15 años de edad. Mientras intentaba terminar sus estudios en la Escuela Normal de Niñas, descubrió que el canto podía ser un modo cómodo de ganarse la vida, y fue así que comenzó a presentarse en bares, quintas de recreo y pequeñas salas de barrio; inicialmente junto a su hermana Hilda (como parte del dúo Las Hermanas Parra). En 1935 llegaron a Santiago su madre y otros hermanos, y se establecieron en la comuna de Quinta Normal.

 
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Noviembre 2005
     
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