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La Escuadra chilena en California
 

La cueca en México

Afortunadamente la respuesta del gobernador mexicano fue conciliadora. Éste informó al gobierno central de la presencia de la escuadra. Entonces fue el mismo Iturbide quien envió una conceptuosa carta de bienvenida a Cochrane. Así, la tripulación pudo desembarcar sin problemas.

Carlos López Urrutia escribe que durante su estada en Acapulco "los rotos chilenos, los cholos peruanos y los gringos convivían con alegría en las fondas y tabernas del puerto con los huachimangos locales". Agrega que los buques nacionales contaban con una buena provisión de pisco, que se intercambiaba con las bebidas locales. Hace notar también que una de las pocas huellas que dejó nuestra escuadra en México fue la cueca, que siguió bailándose hasta muy entrado el siglo XX en el estado de Guerrero con el nombre de La Chilena.

La independencia de California

Cochrane despachó a la Indepedencia y al Araucano a comprar provisiones a California. La primera embarcación llegó hasta la bahía de San José, en el límite meridional de California, que aún estaba bajo dominio español. Allí capturaron al bergantín realista Francisco Javier, una embarcación mercante armada con 14 cañones para el corso.

El superior de la misión de San José, decidió entonces declarar la independencia de California. Según Vowell, lo que terminó de convencerlo de que la causa realista estaba perdida en el Pacífico fue el ejemplo de México y la llegada de la escuadra chilena.

Relata Vowell que el superior los invitó a presenciar la lectura de la declaración de Independencia: "Mil quinientos indios entraron a la ciudad armados de lanzas y de largos fusiles españoles, montados en hermosos y briosos caballos. Parecían como servir de escolta al superior, bajo cuyas órdenes se hallaban, pero tenían alcaldes indígenas a quienes prestaban mucho respeto y obediencia. (…)

"A la llegada del capitán Wilkinson con algunos de sus oficiales, los indios estaban formados en semicírculo alrededor del Padre Superior, que se hallaba de pie sobre unas gradas al frente de la misión, y que les preguntó si querían jurar sostener la Independencia del país, a lo que todos contestaron afirmativamente, como lo habrían hecho, sin duda, con igual prontitud, ante cualquiera proposición del misionero. Con gran sorpresa y agrado suyo, la Independencia procedió a hacer una salva a cierta señal convenida. Contestaron con disparos irregulares, cargados con tiros de bala, lo que ciertamente tenía más la apariencia de pelea que de regocijo. Un barril de aguardiente de pisco que se les envió de a bordo completó su alegría".

Al tener noticias de que una parte de la tripulación del Araucano se había amotinado, abandonando al resto en Loreto, la capital de las misiones de California - Wilkinson se dirigió hacia allá con la Independencia. El alférez realista José María Mata había hecho prisioneros a los tripulantes que quedaron en tierra. Al llegar la corbeta chilena los liberó y, el 7 de marzo de 1822, Mata procedió a declarar también la Independencia de California, como ya lo había hecho el superior de San José.

Entretanto, las dos fragatas españolas, la Prueba y la Venganza, se rendían en Guayaquil. De esta forma, y en gran medida gracias a la escuadra chilena, el poder naval español desapareció completamente del Pacífico y la Independencia americana en la costa pacífica quedó asegurada desde California hasta el canal de Chacao, en el sur.

Para saber más:
- Luis Langlois, La influencia del poder naval en la Historia de Chile, desde 1810 hasta 1910. Valparaíso, Imprenta de la Armada, 1911.
- Carlos López Urrutia, La escuadra chilena en México - 1822. Editorial Francisco de Aguirre, Buenos Aires, 1971.
- Richard Longeville Vowell, Memorias de un oficial inglés al servicio de Chile... Traducción de José Toribio Medina, en Viajes relativos a Chile, Fondo histórico - bibliográfico José Toribio Medina, Santiago, 1962.

- La precaria escuadra
- Charqui de tortuga
- Frente a los fuertes de Acapulco
- La cueca en México

 
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