Maqueta de la Fragata Lautaro. Foto: Armada de Chile.
 
Otras Columnas
El gran salto de los trabajadores

Chile una larga escuela. Historia de la educación.

Nuestra guerra con los Estados Unidos.
Ver más Artículos
 
Te Recomendamos
- Museo Naval y Marítimo de Valparaíso.
 
Comunidad Activa
Sugerir Temas
Sugerir Artículos y Links
Publicar en Agenda
Chile Crónico
Inicio/Opinión/Chile crónico...
 
Lo que siguió al 21 de mayo:

La Escuadra chilena en California (continuación)
 

Charqui de tortuga

Vowell da cuenta de todos los incidentes del viaje, como el tifón que cogió a la escuadra cuando se acercaba a las costas de México. Luego del violento choque de la Independencia con un roquerío, golpe tan violento que "echó por el suelo a cuantos se hallaban de pie". De ahí en adelante la embarcación siguió navegando con un fragmento de roca incrustado en la quilla.

En el Golfo de Fonseca, Vowell, como encargado del rancho, bajó con un oficial de artillería a comprar provisiones en una aldea indígena. Regresaban en una canoa cargada de aves, cerdos y legumbres, "en la expectativa de que habrían de causar las delicias de nuestros compañeros que durante mucho tiempo habían comido sólo charqui y carne salada". Entonces, un golpe de viento volcó la canoa. Los náufragos lograron llegar hasta un roquerío, donde ni siquiera había agua. Desde ahí vieron como "aves y cerdos eran arrastrados por la corriente mar afuera, donde servirían de festín a los tiburones". Luego de pasar toda la noche en le peñón fueron rescatados por otra canoa, poco antes que la Independencia zarpara, dándolos ya por perdidos.

Como encargado del rancho, Vowell se ocupa permanentemente de los detalles domésticos de la expedición. Así, a la entrada del golfo de Fonseca se maravilla con la multitud de tortugas que nadan en el mar. En cualquier lugar en el que pudiera arriarse un bote, las pescaban por docenas. Había a bordo de la Independencia varios canacas, es decir, habitantes de las islas Sandwich, expertos en la pesca de la tortuga. Pero no a todos les apetecía la carne de este animal, altamente cotizada en los restaurantes más finos.

Comenta Vowell que los marinos y soldados chilenos que nunca habían visto antes una tortuga, "sentían gran repugnancia por su aspecto, creyendo que eran sapos de mar de un tamaño enorme". No había forma hacerlos tragar el estofado de tortuga, aunque se le agregaran buenas dosis de pisco como condimento.

Cuando recibían su porción, los marinos la cedían a alguno de sus compañeros ya veteranos en las campañas del mar, o la tiraban por la borda. Sólo aceptaban charqui y carne salada. De modo que, como relata Vowell, se salaron "varios quintales de la parte más carnosa de las tortugas, que secamos al sol en los rebenques de los aparejos. Se conservó muy bien y llevamos alguna cantidad a Chile".

- La precaria escuadra
- Frente a los fuertes de Acapulco
- La cueca en México
- La independencia de California
- Para saber más

 
subir
                 
|
|
3
| |
     
Prohibida la reproducción de imágenes y textos sin previa autorización escrita.
Agregar a Favoritos
Escríbenos
Mapa del Sitio
Créditos  
Un Sitio