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Detractores
No faltaron, sin embargo,
los detractores de los esfuerzos por extender
la enseñanza. En 1857, el parlamentario
Enrique Cood declaraba: "haciendo descender
la instrucción sin discernimiento y con
excesiva liberalidad sobre las clases inferiores,
ella inspirará a los jóvenes que
la reciban disgusto por su estado, desprecio por
sus iguales, y el envanecimiento de una superioridad
engañosa, que les hará mirar con
tedio el trabajo manual, el servicio doméstico,
y aún el ejercicio de aquellas artes honrosas
pero humildes, que nos proporcionan la satisfacción
de las primeras necesidades de la vida".
Por su parte, José Larraín Gandarillas
preguntaba: "¿Qué gana el país
con que los hijos de campesinos y los artesanos
abandonen la condición en que los ha colocado
la Providencia, para convertirlos las más
veces en odiosos pedantes que aborrecen su honesto
trabajo?"
A pesar de los progresos
que se hicieron durante el siglo XIX, en 1917,
en su libro El problema nacional, el destacado
educador Darío Enrique Salas indicaba que
de los 800.000 niños que había en
el país, según el censo de 1907,
un 62,5%, que equivalía a cerca de medio
millón, no recibía ningún
tipo de enseñanza. Para resolver este problema,
Salas preparó el proyecto de Ley de Instrucción
Primaria Obligatoria *, la que prácticamente
terminaría con el analfabetismo en Chile,
y entregaría una base educacional que fue
uno de los más poderosos factores de la
unidad y la identidad de la nación.
- Con
sangre y memoria
- Condena
al magisterio
- Pobreza
Cultural
- ¿Por
dónde empezar?
- Detractores
* La Ley de Instrucción Primaria Oligatoria
fue aprobada recién en 1920, luego de extensos
debates.
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