Por Darío
Oses
La educación ha sido uno de los más
constantes temas de preocupación nacional.
Entre profesores, alumnos y padres y apoderados,
involucra a casi toda la población del país.
Desde los primeros tiempos de la República
la enseñanza se convirtió en un problema
a la vez político y técnico. Generó
debates y doctrinas, como la del Estado Docente,
con sus defensores y detractores. La extensión
de la educación primaria, hasta llegar a
todos los niños del país, tiene una
larga historia.
En
el Chile colonial las llamadas escuelas de primeras
letras, pertenecían en su mayor parte a
los conventos, ya que la monarquía española
consideraba la educación popular como una
obra de caridad que debían asumir principalmente
las órdenes religiosas.
Todo sacerdote tenía derecho a enseñar.
A los laicos, en cambio, se les exigía
una licencia del Cabildo y de la autoridad eclesiástica.
Debían cumplir una cantidad de requisitos
como limpieza de sangre, es decir, no ser hijos
de uniones ilegítimas; no tener cuentas
pendientes con la justicia ordinaria ni con el
tribunal del Santo Oficio, ni haber ejercido "oficio
servil", o sea labores manuales que se consideraban
propias de indios, negros, mulatos o zambos.
El prejuicio inveterado contra los oficios manuales,
se mantuvo aún contra las Leyes de Indias,
que trataron de devolverle algo de su dignidad
a estos trabajos, ante la carencia de artesanos
que había en las colonias americanas.
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Con sangre y memoria
- Condena
al magisterio
- Pobreza
Cultural
- ¿Por
dónde empezar?
- Detractores
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