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El cuerpo como espectáculo
Por Darío Oses

El acto casi ritual del desnudamiento masivo en un espacio público, causó perplejidad y una cantidad de opiniones e interpretaciones surtidas. Aquí va otra más: fue el último acto de la larga historia del descubrimiento del cuerpo, que en Chile ha venido despojándose poco a poco de los ropajes pesados, en un lentísimo streap tease de varios siglos. Un streap tease que ha provocado tantos aplausos como condenas y rechiflas.

Los climas de Chile no siempre son propicios para el desnudo. Por el contrario, algunas estaciones y latitudes de nuestra geografía invitan más bien a taparse hasta de la nariz. Tal vez por eso los conquistadores que llegaron al centro y al sur no encontraron a los indígenas en la paradisíaca desnudez con que andaban en el trópico. Les llamó la atención sí sorprender a las jóvenes mapuches bañándose desnudas en los ríos.

En la colonia y los primeros años de la República, la exhibición pública del cuerpo desnudo era cosa sólo de locos o de extravagantes. En esta última categoría quedó clasificado el brillante profesor venezolano Simón Rodríguez, uno de los maestros de Bolívar. Causó escándalo en nuestro país cuando se desnudaba ante sus alumnos. Como no disponía de atlas ni figuras anatómicas, optó por enseñar mostrando su propio cuerpo.

Luego, el avance de la cultura liberal amplió la tolerancia para fines científicos y artísticos. Se aceptaba el cuerpo desnudo y muerto, en el pabellón de anatomía, donde se lo seccionaba y fragmentaba. También se lo aceptaba desnudo y vivo en el taller de los escultores y pintores, donde se lo reproducía y transfiguraba en un producto llamado "el desnudo artístico". A veces, sucedió que en uno de los salones nacionales de plástica, algún espectador embelesado ante una escultura, trató de sonsacarle al artista la identidad de la modelo.

En general, la moda femenina, desde el siglo XIX en adelante, era ambigua. Los trajes para las grandes ocasiones sociales parecían diseñados para sugerir y ocultar. Realzaban las formas pero escondían la piel. A principios del siglo XX , al verlas a ellas subir a un carro, los varones se las arreglaban para contemplar los tobillos y hasta las pantorillas. Una canción que estuvo de moda en los años 30, decía: "Mañana por la mañana te espero Juana a tomar el té./ Te juro, Juana que tengo ganas de verte la punta del pie./ La punta del pie, la rodilla, la pantorrilla y el peroné...". La picardía criolla no se atrevía a ir más arriba de la rodilla.

Pero la piel necesitaba respirar, asolearse y bañarse. Al iniciarse el siglo XX, en los balnearios de moda, las damas tomaban baños de mar en casetas cerradas. Luego usaron trajes de baño cerrados hasta el cuello. Más tarde con un faldín que escondía las ingles y las formas de las caderas. Y la piel siguió abriéndose camino y reduciendo el porte de la ropa de baño. La invitación del verano era irresistible. La aparición del bikini produjo escándalos y prohibiciones, que desde luego dieron lugar a chistes y anécdotas. A principios de los '60, contaban que en la piscina de un hotel elegante una atractiva joven tomaba sol en bikini. Como esta prenda era casi innombrable, el empleado que se acerca a reconvenirla le dice: "Perdón, señorita, pero acá está prohibido el traje de baño de dos piezas".

- Ah, sí ¿Cuál de las dos me saco? - le pregunta ella con desparpajo.

 
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